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2 ago 2012

MIREIA LIMPIA EL POLVO DEL MEDALLERO


Y al fin llegó. Se ha hecho mucho de rogar pero ya ha llegado esa medalla que ha puesto fin a esa demora que estábamos sufriendo por ver un español subirse al podio, y que ha llegado a parecer interminable. Las gracias diríjanlas a Mireia Belmonte y a ese deporte llamado natación, que por fin nos trae una alegría tras muchos disgustos.

Quitarnos el sombrero ante lo que ha hecho la joven nadadora catalana es lo único que podemos hacer. Belmonte sacó lo mejor de sí para cuajar una extraordinaria actuación que la eleva a los altares de la natación española. Es sabido por todos que colgarse un metal en los Juegos, sea del color que sea es empresa harto complicada y que exige un durísimo trabajo por parte del deportista. No hay nada más que reparar en las primeras impresiones de la nueva subcampeona olímpica de los 200m mariposa tras la prueba: ‘’Esto es una recompensa al esfuerzo’’. Bien lo sabe Mireia, que ha tenido que llevar una vida sacrificada y trabajar sin tregua día tras día para llegar hasta aquí. Ya simplemente por eso merece un aplauso.

Pero lo que ha engrandecido verdaderamente el logro de la española ha sido el contexto emocional con el que llegaba a la final y la manera de hacerlo. Había perdido hace apenas cuatro días la opción de colgarse una presea en la final de los 400m estilos, prueba en la que es actual campeona mundial y europea en piscina corta, quedando en última posición. Eso sin duda es lo que dolió más a la joven medallista, que corrió peor suerte en los 400m libre y los 200m estilos.  Pero por la mañana la eliminación en el relevo 4x200m del equipo femenino, en la que vio cómo volaban las opciones de estar en la final mientras ella hacía el último relevo,  hurgaba más en la herida. A eso hay que añadirle la presión extra que suponía el verse de nuevo con la responsabilidad de inaugurar el medallero español en el que se empezaba a acumular el polvo.

La reacción de Mireia a todo eso fue la de los grandes. Se abstrajo de todo lo sucedido hasta el momento y salió desde el primer instante a por esa medalla. Siempre estuvo entre las de cabeza y llegó a liderar buena parte de la prueba. Tan sólo la gran recta final de la china Liuyang Jiao impidió que esa arriesgada y valiente puesta en escena de la española fuera premiada con el oro. Daba igual, había conseguido esa medalla olímpica por la que ha trabajado tanto y había puesto fin a una impaciencia por estrenar el medallero que se estaba tornando en ansiedad. Su marca además significó un nuevo récord de España en los 200 mariposa.

Esta es la quinta medalla olímpica española en natación. La española a sus 21 años sumaba 18 medallas entre Europeos y Mundiales. Le faltaba esa presea olímpica que diera brillo a ese enorme palmarés. Ahora ya la tiene. Pero tratándose del talento que jamás haya dado la natación española, puede darnos muchas más alegrías. Si se lo propone ella sola puede ganar más metales que las que ha logrado España en natación en unos Juegos. Belmonte, por qué no, huele a leyenda española.

Pese a haber abierto el medallero, la jornada una vez más no ha sido todo lo halagüeña que debería haber sido en cuanto a resultados. Sin embargo, hoy nos vamos a limitar a hablar de nuestra nueva medallista y del salto que habremos pegado de allá donde estábamos sentados cuando le veíamos llegar segunda. Tras días de preocupación e impaciencia vamos a darnos una pequeña alegría y hablemos sólo de esta excelente nadadora. Se lo merece. Bravo Mireia.

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