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23 sept 2012

LA LLAVE SE LLAMA XAVI

 
Cuenta la leyenda que un envalentonado ejército nazarí asomaba la cabeza por el feudo azulgrana convencido de que con orden, osadía y agresividad convertirían en crucial una batalla que prometía ser intrascendente. El general Anquela había trazado un plan que sus soldados plasmaron a la perfección sobre el campo de los acontecimientos. Enfrente, el todopoderoso Barcelona, reconocido por la variedad y contundencia de sus armas pero, muy mermado por las heridas de guerra de la Champions, y quizá influenciado por la poca fama de su adversario, guardó sus mejores hombres al inicio.
 
Conscientes de la longevidad del reto, comprendieron que sería fundamental la lucha de posiciones, aunque antes, la armada granadina quiso desafiar a su rival usurpándole el balón, su más preciado tesoro. Como si de su querido palacio de la Alhambra se tratara, y a imagen y semejanza de unos rusos que días antes habían intentado reconstruir el muro de Berlín en Barcelona con la disciplina del ejército rojo, los nazarís plantaron una muralla para proteger su área. Optaron por concurrir filas por el centro aunque no descuidaron un solo momento los extremos de esa grandiosa pared, por donde los soldados enemigos buscarían grietas. Los hombres de Tito buscaron mil maneras para quebrantar esa férrea fortaleza, atacaban con genio pero sin su genio que les marcara la senda a seguir para lograrlo. Ya fuera por el centro, por los lados, el ejército nazarí resistió bien el constante apedreo al que fue sometido por su potente contrincante y algunos como Borja e Íñigo López estuvieron directamente expuestos a él. Pero antes de darse la tregua la sensación era que sus contraataques, sobre todo con un correoso Siqueira por el flanco zurdo, inquietaban a la retaguardia de los azulgrana. Además, Messi y Villa, dos hombres de peso, con sus disputas verbales, mostraban a su enemigo indicios de flaqueza.

El general Tito comprendió que sus pupilos precisaban de alguien que les mostrara la luz para organizar las acometidas con claridad y tiró de su capitán para transmitir las nuevas órdenes que variasen el rumbo de la batalla. Junto con los relevos de Pedro y Tello, unidades de refresco para los flancos, el Barcelona empezó a marear a las tropas granadinas, que recularon y comenzaron a ceder terreno, y los apedreos se tornaron en bombardeos. Antes, pero, de encarar la parte decisiva del envite, la intrépida infantería nazarí se adueñó por momentos de la bomba con la que el Barça pretendía echar abajo la fortaleza, el esférico. Era tan sólo un respiro de cara a prepararse para la ofensiva final que los azulgrana iban a desencadenar.
 
Los granadinos tiraron de casta para mantener en pie ante esa área que mimaron como su monumento, pero los culés, con puñales por los costados que empezaron a abrir una sangría en los flancos, un Xavi que desconcertó al rival con sus inteligentes movimientos y el apoyo de las masas, lograron derrribar la muralla.

Fue entonces cuando irrumpió la figura de Toño, el arquero de los nazarís, que echó el cerrojo a su marco ante los cañonazos de los azulgrana. Allí se alojaba un preciado honor, que otorgaría a su ejército un prestigioso distintivo, marcharse del campo de batalla del Camp Nou sin que sus guardianes consiguieran perforar el arco. Su homólogo, Víctor Valdés  no quiso ser menos y desbarató un tiro de Orellana, en un intento del Granada por saquear el reino culé.
 
Xavi, el gran capitán, justificó esa condición y dio a entender que en un asalto de este calibre no todo es fuerza e ímpetu. Supo que el equipo necesitaba una llave para abrir ese marco y lanzó un certero misil colocado a la escuadra, donde parecía hallarse el ojo de la cerradura que Toño había puesto. Los azulgrana por fin lograban profanar el palacio y llevarse tres puntos, o lo que es lo mismo, tres lingotes de oro. Con un disparo de Messi cuya trayectoria desvió Borja Gómez, la resistencia granadina firmó su capitulación.

Un duro enfrentamiento, pero felices. Así regresan a sus trincheras los azulgranas, viendo como el otro gigante de esta guerra, el Real Madrid, queda por el momento aún más rezagado en esta pelea por ser el más fuerte, que, una vez, más promete ser apasionante.
 
 

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