Madrugada del sábado. Se hincha un globo lleno de entusiasmo por los Juegos que llega a su culmen con el desfile de una numerosa delegación española en la que Pau Gasol luce imponente. A medida que transcurre el fin de semana los disgustos pesan más que las alegrías y va perdiendo volumen. Noche del domingo. Honduras derrota a España y se esfuma una clara opción de medalla. Estalla el globo. Así son los Juegos. Así es el deporte.
Han pasado dos días y España ha visto cómo esos metales que esperábamos conseguir han volado hacia otros medalleros. En estos casos la mejor receta es la paciencia. Aunque sea aún pronto para hacer balance del arranque que han tenido los nuestros, por razones de calendario y otras que analizaremos cuando Londres ’12 eche el cierre, nuestros inicios siempre suelen ser complicados y es a partir de la segunda semana cuando empieza nuestra particular lluvia de medallas.
Sí, vale, cierto que la eliminación en fútbol ha significado un fracaso en mayúsculas. Honduras nos ha vuelto a hacer probar el amargo sabor de la derrota y el colegiado, el señor Juan Soto, se ha encargado de recordarnos de que, una vez más, es el árbitro el mediador de la mala fortuna, cuando ésta se ceba con nosotros. Pero si quieren explicaciones búsquenlas más bien en nuestra falta de acierto y el inoperante primer partido ante Japón. Y también la prensa de este país, los mismos que nos daban la medalla antes de aterrizar en Londres ahora y que ahora se encargarán de escribir decenas de páginas sobre el partido cuando en los Juegos el fútbol sólo es un deporte más entre los 26 que hay. No dramaticen, sólo hemos perdido una posibilidad de medalla. Y si se lamentan por esa pena fatídica no señalizada, piensen en Al Ghandour, pura terapia psicológica.
Tras este inciso, que me he sentido obligado a hacer, lo que quería decir es que, una vez más, son los deportes de equipo los que marcan el camino. Buena actuación de los chicos de baloncesto y waterpolo y brillante partido del equipo de balonmano, que echaron mano del coraje para acabar derrotando a Serbia con claridad. El mismo que les faltó al equipo femenino, que no justificaron por qué se hacen llamar ‘’las guerreras’’. Y no nos olvidemos del tenis, que a buen seguro nos reportará más de un metal. Aunque no podamos hablar de pleno lo cierto es que, salvo Verdasco, un caso perdido ya el del madrileño, y la pareja de dobles Marc López-Marcel Granollers, todos han superado la primera criba.
Por otra parte, las buenas noticias que nos llegan del bádminton, con Pablo Abián logrando el primer triunfo español en un cuadro masculino olímpico, del piragüismo en aguas bravas, donde hemos metido a nuestros dos representantes de la competición masculina en semifinales, de vela y de las parejas de volley-playa nos hacen soñar. Aun así las decepciones en la prueba en ruta de ciclismo, la última posición de Mireia en la final de los 400 estilos y la decisión de los jueces que hizo llorar a Sugoi Uriarte tampoco invitan al optimismo. Lo cierto es que pesos pesados como nuestras sirenas de la sincronizada, David Cal en piragüismo y Gómez Noya en triatlón no han entrado en acción todavía y a buen seguro que tendremos alguna sorpresa agradable, del mismo modo que nos hemos llevado un gran disgusto en algunos deportes donde habíamos depositado muchas esperanzas. Los metales llegarán, seguro, esto no ha hecho más que empezar. Paciencia.
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