En unos tiempos en los que la corrupción, la mediocridad, la ineptitud... como cualidades que definen a la perfección el proceder de nuestra clase política están a la orden del día, no queda más remedio que apelar al humor español e interpretar que el lugar desde donde dichos personajes se manifiestan o desempeñan sus funciones es un escenario y lo que hacen o dicen forma parte de una obra de teatro, que desgraciadamente ya está resultando larga y repetitiva para un público harto de un espectáculo cada vez más lamentable.
Y es que cada vez que nuestros dirigentes se pronuncian acerca de algún tema sube el pan. Pero cuando las declaraciones versan sobre la actualidad deportiva ya es que el precio se pone por las nubes. Tanto que esto ya parece un circo más que un teatro , pero que le vamos a hacer, son presa de la ignorancia cuando hablan de deporte o cuando gestionan el mismo. Que un presidente del Consejo Superior de Deportes, en un país que aspira a organizar los Juegos Olímpicos de 2020, diga que ‘’ve complicada la posibilidad de repetir los 13 oros de Barcelona ‘92’’ es de juzgado de guardia. ¿Qué significa eso? ¿Vamos a irnos de los Juegos de Madrid ni llegando a las 20 medallas de nuevo? Por el camino vamos. Que este señor no nos haga echar de menos a Lissavetzky.

¡Por cierto! ¡Menudo legado nos dejó el amigo Jaime! Lo de la famosa campaña de la tolerancia cero contra el dopaje y la aprobación de la ley que contemplaba en España como delito este tipo de práctica no fue más que una manera de maquillar la chapuza que se hizo con la famosa ‘Operación Puerto’, la cual sigue sin aclararse seis años después de haberse desmantelado. Nuestro querido amigo Jaime quiso hacer pasar por embustera a la Guardia Civil negando que hubiera algo más que ciclistas implicados en la red, cuando se había identificado a futbolistas, tenistas, boxeadores y atletas. Por no hablar del gran juez Serrano, que negó a facilitar las pruebas pertinentes para llegar al fondo de la cuestión y tan sólo investigó un posible delito contra la salud pública. La ley aprobada posteriormente no tuvo carácter retroactivo ¡qué casualidad! Lo mejor de todo, la pasividad de las autoridades españolas ante el desenlace que ha tomado el asunto. De todos modos, las pruebas siguen en poder de la Guardia Civil. Algún día se sabrá la verdad y el mal que ha hecho al deporte español esta desastrosa gestión.
Aunque el problema de España con el dopaje no esté directamente relacionado con las flojas actuaciones de los nuestros en los Juegos Olímpicos sí de un modo indirecto con el futuro. En la evaluación de la candidatura de Madrid 2016 ése era el mayor quebradero de cabeza para el COI, que se preguntaba sí verdaderamente nuestro país no era un paraíso para los tramposos. Se tuvo que variar nuestro código antidopaje, en el que don Jaime prohibía los controles nocturnos, para convencer a los señores del Comité Olímpico Internacional. Ya mirando para Madrid 2020 España sigue sin encontrar una respuesta contundente a esa pregunta. La ‘Operación Galgo’ tuvo también un extraño final y se siguen sin esclarecer los hechos de la Operación Puerto. Pese a que gritemos a los cuatro vientos que luchamos contra los tramposos mientras ambas no sean objeto de una investigación a fondo se seguirá dudando de nuestra fiabilidad.

¿Se acuerdan del dardo envenenado que nos tiró Alberto de Mónaco en Singapur con el terrorismo? Aquella pregunta tenía malicia pero no se extrañen si algún día nos salen con la Operación Puerto o el doctor Fuentes. No nos podríamos indignar. No se engañen. En cualquier otro país don Eufemiano estaría en la cárcel.
Cierto, nos hemos desviado del tema, pero como la gestión de este asunto no de un giro radical Madrid 2020 peligra. Como también peligra la buena actuación que se espera que tenga la delegación española en esos no tan lejanos Juegos como nuestra clase política no cambie su actitud y despreocupación hacia el deporte. Que salgan en la foto cuando haya un éxito no significa nada. Les da prestigio. Por el interés te quiero Andrés. Pero cuando van mal dadas siempre emplean el caduco discurso de ‘’Hemos tenido una buena actuación en los Juegos’’ o ‘’Seguiremos trabajando para mejorar el número de medallas’’. Mención aparte merece Mercedes Cabrera, en su momento ministra de educación, política social.........y deporte. Sí, desgraciadamente no puede haber ningún ministerio dedicado exclusivamente a algo tan importante como es el deporte. Que le vamos a hacer. España es así. Volviendo a la señora Cabrera examinen lo que dijo en una entrevista (si lo quieren ver, en http://www.youtube.com/watch?v=Dd565lQx6bM&feature=related a partir del último minuto): ‘’Tenemos una aspiración a conseguir por lo menos 20 medallas, hemos hecho en los últimos años un esfuerzo importantísimo (...)’’. Para luego soltar tras los Juegos de Pekín: ‘’Las 18 medallas confirman el excelente momento del deporte español’’. De risa. Lo primero, ¿cómo pudieron confirmarlo si no se había llegado al mínimo de medallas que había pronosticado? En segundo lugar ¿cómo puede confirmar el excelente momento del deporte español si no se alcanzaron las 22 medallas de Barcelona ’92?. Con perdón, esa señora podía saber de educación y de política social pero no de deporte.
Ah, y se me olvidaba, doña Mercedes, si tan importante fue el esfuerzo, ¿cómo se explica que en aquella época Italia y Francia triplicaran su inversión en deporte? Ése es el quid de la cuestión. Vivimos en unos tiempos en los que no se pueden pedir peras al olmo pero lo cierto es que durante todos esos años de bonanza económica que han precedido la crisis económica, se ha perdido una oportunidad de oro de darle al deporte olímpico español un buen empujón en inversión. Mientras países como Italia o Francia invertían en deporte y duplicaban nuestro número de preseas en los Juegos Olímpicos nuestros dos grandes partidos despilfarraban ese dinero en ladrillo. Muy negro se presenta el panorama para Río 2016. Se habla de patrocinio privado para captar capital pero se antoja harto complicado encontrar empresas que se arriesguen a invertir en una época en la que reina el miedo y la desconfianza.
Y, naturalmente, quienes tampoco se escapan de la quema son los organismos estrictamente deportivos, empezando por el COE y su presidente. Alejandro Blanco, llora porque los países del entorno dedican una inversión superior. Aunque poderoso caballero es don dinero, si no se hacen las cosas bien no se obtienen resultados. En ese sentido el plan ADO, que en su momento tuvo un gran éxito sigue con la misma estructura que en Barcelona ’92 y se ha quedado anticuado, otra razón que explica nuestro estancamiento. ¿No podría señor Blanco tener iniciativa y empezar a trabajar para renovar la estructura en vez de justificar nuestro escaso éxito con una queja? Aunque antes quizás debería aprender algo de ética. El episodio que protagonizó ante la prensa junto a Miguel Cardenal, otro acierto del nuevo presidente del CSD, fue ciertamente lamentable, queriendo impedir a toda costa la participación de Mullera en los Juegos, un atleta que jamás dio positivo y al que el TAS le dio la razón.

Por otra parte entre los presidentes de algunas federaciones ha surgido un nuevo deporte. El de acomodarse en el sillón de presidente durante años. Sus máximos referentes son Ángel María Villar y José María Odriozola y va por el camino José Luis Sáez. Al máximo mandatario del fútbol español le han salvado los repentinos éxitos de la selección absoluta. Al de baloncesto los grandes resultados logrados por la ÑBA han hecho olvidar en parte el imperdonable error de despedir a Pepu Hernández, pues a don Pepe le venía de gusto proclamar su ego y el poder de su cargo. Pero todo eso se queda pequeño al lado del amigo Jose María. El atletismo español se hunde año tras año y el tío no se larga, así de simple. Muchos atletas piden su dimisión, como García Bragado. El veterano marchador de 43 años bromeaba con pagarle la ortodoncia si ganaba una medalla. Si llega a ser verdad, el ya abuelo Odriozola se aferra unos diez años más a la presidencia. Aduce que sentiría culpabilidad si dejara el cargo, la que debería sentir él por no permitir que entre un soplo de aire fresco en la federación, el mismo que necesita todo nuestro deporte olímpico.
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