Bienvenidos

15 ago 2012

PRÓLOGO: ''UN CONFORMISMO QUE NO CONDUCE A NADA''


Retrocedamos en el tiempo. Los que vivían recurran al baúl de los recuerdos, los que aún no existían sírvanse de todos los medios que tengan a su alcance para trasladarse a ese momento, ya sea echando mano de los libros de historia, apelando a la memoria histórica de los mayores o usando la máquina del tiempo del profesor Bacterio, es indiferente.

25 de julio de 1992. Los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 dan su pistoletazo de salida con una sorprendente ceremonia de apertura asombrosa a los ojos del mundo y culminada con elegancia por Antonio Rebollo, con un encendido del pebetero que desde entonces permanecerá  inmortal en la historia olímpica. Se presenta una oportunidad de oro para que nuestro país deje el pabellón bien alto en todos los aspectos, especialmente a nivel deportivo tras el fiasco del Mundial de Naranjito diez años antes. El gran artífice de que nuestro sueño olímpico se hiciera realidad por primera vez, Juan Antonio Samaranch. Ese empeño con el que revolucionó el olimpismo fue recompensado con la elección de la ciudad natal del entonces presidente del Comité Olímpico Internacional.

Hasta entonces España había tenido un papel poco relevante en el deporte a nivel mundial. Al margen de la Eurocopa que la selección española de fútbol había conquistado en 1964,  Joaquín Blume, Manolo Santana, Federico Martín Bahamontes, Ángel Nieto, Paquito Fernández Ochoa, Fernando Martín y Carmen Valero conformaban el abanico de nombres y apellidos que más recordábamos como aquellos que nos dieron más gloria en el pasado así como el gran Severiano Ballesteros, del que seguíamos disfrutando de su maestría en el tapete. Pero lo cierto es que el deporte nos proporcionaba alegrías a cuentagotas, por no hablar de nuestra actuación en los Juegos Olímpicos en los que sólo nos habíamos colgado 27 medallas en toda la historia.

Era el momento de cambiar esa tendencia. En 1988 surgió el plan ADO que tenía como objetivo potenciar el deporte olímpico a fin de mejorar nuestras prestaciones en los Juegos. Por primera vez en nuestro país se apostaba fuerte por el deporte otorgándole la importancia que merecía. Los resultados fueron inmejorables. La delegación española cerró Barcelona ’92 con unos resultados espectaculares que ni los más optimistas hubieran llegado a pronosticar. Las 22 preseas logradas, 13 de ellas de oro, situaron a España en el sexto puesto del medallero. Sería injusto centralizar los méritos en unas pocas personas pero lo cierto es que los oros que dejaron huella en la retina de los aficionados  fueron el de la selección de fútbol con el mítico gol de Kiko Narváez y el de Fermín Cacho en los 1500m.  Por más que nos frotáramos los ojos España había dado un salto cualitativo enorme. Por fin habíamos despuntado en unas Olimpiadas.

Mientras saboréabamos las mieles del éxito, se estaba gestando una generación de campeones, una generación que cambiaría para siempre la tendencia del deporte español: hablamos de la inédita generación de los 80. Por aquel entonces los nacidos en la anterior década eran niños que contemplaban llenos de ilusión los Juegos Olímpicos, algunos ya empezaban a destacar en sus deportes, pero aún quedaba mucho. Por suerte gente como Miguel Indurain o Arantxa Sánchez Vicario  amenizaron la espera.

Llegó el siglo XXI y con él la lluvia de éxitos. En muchos deportes se llegaron a cotas inéditas hasta el momento para nosotros, hasta el punto de que si nos pusiéramos a citarlas no terminaríamos, pero fueron los Nadal, Alonso, Contador, Gasol... los que capitalizaron las alegrías. Jamás se ha recordado una hornada de deportistas que hayan reunido tanta calidad en tan corto período de tiempo. El clímax llegó con ese Mundial conquistado en 2010 por la Roja, a buen seguro el trofeo más codiciado por la mayoría de nosotros. Por estas y otras muchas razones se ha llegado a hablar de España como una potencia deportiva a nivel mundial. Pero hay algo que ha impedido consolidar esta afirmación como tal. Han ido pasando los años y con ellos celebrándose Juegos Olímpicos, y no hemos sido capaces de superar esas 22 medallas de Barcelona ’92. ¿Cómo se entiende eso si estamos viviendo al mejor época de nuestro deporte? Curiosa paradoja.

Sencillamente seguimos sin tener en cuenta que lo que verdaderamente calibra la salud deportiva de un país son los Juegos Olímpicos por lo que sí, seguimos siendo una potencia, pero tan sólo aparentemente, pues es inexplicable que siendo España un referente mundial no quede ni entre los 20 primeros del medallero. No hay peros que valgan, si dicen que en la vida el tiempo pone a cada uno en su sitio en el deporte son los Juegos los que desempeñan este papel.

También dicen que de los errores se aprende. Nosotros no. Cada año  bisiesto se repite la misma historia. Nos indignamos con el pobre arranque de España en los Juegos Olímpicos pero la última semana, en la que se suele ganar el mayor grueso de medallas, apacigua nuestro espíritu crítico, pues se suele llegar a un número próximo a 20, que normalmente es la cifra que esperamos y por ello nos conformamos. Pero conformarse con lo que se tiene, cuando se puede llegar a más, es de mediocres. En ese sentido nosotros queremos serlo porque no parecemos pronunciarnos ante ese estancamiento eterno en el que se ha situado España en los Juegos. No sabemos diferenciar entre estar viviendo nuestra particular edad de oro y ser verdaderamente una potencia deportiva.

Lo normal es criticar a los deportistas, injustamente los que pagan siempre los platos rotos de nuestras pobres actuaciones. No creo que vayan a hacer turismo, llegar a unos Juegos es muy sacrificado y una oportunidad única para reivindicarse. Otro aspecto diferente es la preparación que lleven, que depende de muchos factores y la presión a la que se vean sometidos. Por ello todos, absolutamente TODOS somos los culpables de la situación en la que se encuentra nuestro olimpismo, desde la clase política hasta la sociedad, pasando por los medios de comunicación. Estos días vamos a desglosar los problemas presentes en los tres sectores en cuanto al deporte para intentar hallar soluciones pero lo que es cierto es que en nuestras manos está que ese conformismo no acabe derivando en mediocridad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario