Las ha ganado prácticamente de todos los colores, pero hasta
entonces se le había resistido la clásica por excelencia que había soñado en
ganar desde pequeño. Philippe Gilbert se adjudicó con una exhibición de fuerza
y calidad el Mundial de fondo en carretera de forma muy merecida convirtiendo
así en realidad su sueño. Hay corredores eternamente obligados a responder a
las expectativas creades entornos a ellos y no cabe duda de que el belga es uno
de ellos. El ciclista de BMC no se amilana cuando se trata
de hacerse notar en los escenarios importantes. Si se presenta un trazado
propicio para él en el que tanto le gusta atacar, no se le caen los anillos a
la hora de hacerlo. Siempre está ahí, aunque su temporada no haya sido la mejor.
Por esta razón, y por su clase encima de la bicicleta, Gilbert está llamado a
ser uno de los mejores clasicómanos de la historia.

Philippe culminó el trabajo de su selección que supo
acoplarse a todas las situaciones de la carrera y fue la que llegó mejor
situada al temible Cauberg, que ejerció de juez de la prueba como se esperaba.
Al contrario que España. Resulta cuanto menos incomprensible la alarmante falta
de capacidad de los nuestros por resolver. El bronce de Alejandro Valverde,
inmenso, brilla menos considerando que una vez más, hemos dejado ir una ocasión
de oro para volver a ganar un metal de este color.
Una potente selección, repleta de la mejor generación de
corredores que jamás haya dado nuestro ciclismo, que no sabe gestionar este
repertorio tan completo del que presume, pero que no lo asume. No asume que la
comunicación es condición ‘sine qua non’ en un corral con tantos gallos. No
asume que la colocación es esencial. No asume que no se puede fiar todo a una
baza. No asume que tres bronces en ocho años es un pobre balance como para
seguir presumiendo del mejor nueve del mundo. En definitiva, seguimos
tropezando con la misma piedra.
¿Los culpables? Que cada uno saque sus conclusiones cuando no
llegamos bien posicionados al Cauberg tras toda la prueba dinamitando la
carrera. O mejor cuando Freire denuncia falta de ayuda ante unos compañeros que
se han volcado con él todos estos años. Valverde no pudo dejar en mayor
evidencia en el podio a Pat McQuaid por estar pendiente de él. Óscar, lo
fuiste, lo eres y seguirás siendo muy grande. Nadie como tu podrá ser uno de
los mejores velocistas de todos los tiempos en un país con tan poca tradición
de sprinters como España. No empañes tu retirada.

España sabía que era clave endurecer la carrera y lo hizo. La
movió sin tomar la responsabilidad. La combinación perfecta. Con Lastras en la
fuga, los ataques de Flecha y Contador formaron los cortes que contaron con más
presencia. Así, las selecciones bailaron al son que marcaron los nuestros. Pero
claro, no se puede dejar el trabajo a medias.
Con la escapada fraguada, Bélgica y Gran Bretaña tomaron el
timón del pelotón. Incrédula, la multitud que se agolpó en el circuito, asistía
a presenciar el trabajo de un entregado Cavendish que durante kilómetros
encabezó la persecución. Si Copenhague logró ensalzar la figura deportiva del
británico, Valkenburg lo ha conseguido con su persona. Una respuesta
contundente para los que dudaban del compañerismo del de la Isla de Man. Quedaba
claro que los sprinters podían sonar en una llegada masiva con el de Sky
desfondado.
Al cuarto paso por el Cauberg sería de nuevo un español, Juan
Antonio Flecha, el que moviera ficha. Con este movimiento Francia e Italia
ampliaban su nómina de corredores, mientras que otras potencias como Australia,
Holanda y Gran Bretaña mandaban los primeros embajadores a ese segundo grupo. El
catalán de origen argentino se dejó el alma para enlazar ambos bloques. No
obstante, reinaba una sensación de que algo especial sucedería cada vez que el
pelotón se las veía con el Cauberg y fue cuando Contador cambió el ritmo.
Aunque no llevaría a cabo su propósito, sí lo haría poco después. Francia, Holanda,
Italia y Bélgica lo aprovecharon para ampliar su representación. Los dos grupos
enlazaban y la fuga pasaba a contar con casi treinta unidades. Lastras, Flecha
y Coppel, entre otros, imprimían velocidad a la escapada para darle vida.
La cantidad de aventureros y la presencia de nombres como
Contador, Nocentini o Voeckler consituyeron motivos suficientes para que Alemania,
en cuya selección había personificado la pasividad durante la jornada, se
desperezara. Los teutones, muy frescos, empezaron a invertir esfuerzos para
Degenkolb, su única baza, y se erigieron en la ayuda que los belgas buscaban. Supondría
el fin de la aventura.

La carrera volvía empezar y los favoritos optaron por esperar.
Prefirieron que fuera el Cauberg el que dictara el veredicto final. La nota
destacada la pusieron Talansky y Stannard que fueron cazados sin problemas por
el grueso. Tras kilómetros sin pronunciarse, Samuel Sánchez cogió el mando en
un intento encaminado a inyectar algo de control ante la que se avecinaba. Un
puro espejismo.
En el descenso camino de Valkenburg se empezaba a gestar el
desastre español. Nadie asomó la cabeza por las posiciones delanteras mientras
los belgas se iban imponiendo en la batalla por la posición y un generoso
Nibali se entregaba.
Y llegó el momento esperado. Bélgica subió con cuatro
corredores, entre ellos Boonen y, por supuesto, Gilbert. Podían permitirse el
lujo de tener un lanzador para cada uno de ellos. España desapareció del mapa y
tan sólo Freire cumplía con su deber, a rueda de Tom. Philippe, como también
estaba anunciado, lanzó un feroz ataque que nadie pudo seguir. Quizá Valverde,
demasiado rezagado y que si no hubiera dudado, viendo como surgió de la nada
remontando posiciones, podría haberle echado mano. Pero fue demasiado tarde y
tan sólo pudo disputar una plata que se llevó Boasson Hagen. Noruega sigue de
enhorabuena con sus pocos representantes en el pelotón internacional. Sin
noticias de Purito, ni Dani Moreno, ni Samu.
De nuevo, la falta de entendimiento mermó nuestras opciones,
nunca una presea será tan agridulce. Por lo menos la ganó el más indicado, el
que se ha marcado una sensacional temporada tras dos injustificados años de
sanción. Al presidente de la UCI se le debió caer la cara de vergüenza dándole
la medalla a un corredor al que quiso cargarse pero que ha demostrado con
grandes triunfos que andaba muy equivocado, como en muchas de sus decisiones.
Pese a todo, con el mismo merecimiento con el que Gilbert se
ha vestido de arcoiris acabemos hablando del belga. El siguiente reto que se le
exigirá a este clasicómano será volver a ganar un monumento del ciclismo allá
por la próxima primavera. Como sea, él ya se lo ha ganado.

Hay que reconocer que Gilbert se ha merecido la victoria mas que nadie. En cambio, la actuacion de España ha dejado mucho que desear.
ResponderEliminarNo hay duda de que se ha enfundado el maillot arcoiris por méritos propios. Ahora bien, sin restarle mérito al belga, la selección española se lo puso en bandeja. Tan sólo Valverde tuvo capacidad de reacción ante la mala colocación con la que llegaron a Cauberg. Y encima una respuesta tardía por falta de entendimiento y por decisiones erróneas. Aunque viera que Freire no iba, debía acelerar sí o sí. Si el cántabro estaba realmente bien tenía que seguir su rueda para llegar a Gilbert. Saludos!
ResponderEliminarMe pareció muy bueno tu artículo. Felicitaciones, pero un error que se te coló y si puedes sería bueno corregir: "Quizá Valverde, demasiado rezagado y que si no hubiera dudado, viendo como surgió de la nada remontando posiciones, podría haberle hechado mano." el "hechado" va sin la H. Suerte y sigue escribiendo estos buenos artículos.
ResponderEliminarMuchas gracias! Tanto por leerte mi artículo como por tu felicitación.Ya está corregido, te agradezco que me lo hayas dicho. Espero seguir convenciéndote con mis escritos. Saludos y gracias una vez más ;)
Eliminar