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17 sept 2012

LARGA VIDA A LA ARMADA


Sin Rafa Nadal. Sin Fernando Verdasco. Sin Feliciano López. Que más da. Tenemos un repertorio de tenistas tan completo, que da igual el nombre del soldado que demuestre sobre la pista por qué el equipo español de Copa Davis se hace llamar Armada. Hasta el punto de, sin estos tres, haberse plantado en otra final de la competición por países por excelencia del tenis. Se trata nada menos que de la sexta final en los últimos doce años. El exceso de caviar puede hacer que no lo valoremos lo suficiente el mérito de estos jugadores, pero mientras se empeñen en seguir dándonos alegrías, aprovechémoslo.
 
Y lo que podemos proclamar con más orgullo, es que sin la participación de Rafa Nadal en  ninguna de las eliminatorias, la bandera de esta generación de tenistas, nos hemos metido en otra final. En 2008 logramos salir vivos de la caldera de Mar del Plata que Argentina nos preparó sin él, y cuatro años después se confirma que aquello no fue una casualidad. Y es que Nadal es de aquellos jugadores tan geniales que todos estos años haya sido quien haya sido el capitán del combinado español, llámese Emilio Sánchez Vicario, Albert Costa o Álex Corretja, aunque éste aún no ha gozado de l manacorí,  siempre han apostado por el balear como ese jugador que con sólo oír el nombre sabes que es sinónimo de victoria segura. Pero parece que hay un jugador que gana adeptos para suplir al balear con garantías en ese rol y se trata de otro hombre que esta temporada no está haciendo más que reivindicarse, David Ferrer.

El gladiador de Jávea es como el vino, mejora año tras año y por fin parece haberse ganado ese reconocimiento merecido, tantos años injustamente negado. Puede ganar, puede perder, pero siempre puedes confiar en él, que dar el do de pecho es siempre lo que va a hacer. El alicantino no ha podido asumir de mejor manera el papel de líder en la Armada. Acumula ya ni más ni menos que 16 victorias con el equipo español, por tan sólo siete derrotas y manteniéndose invicto desde aquella sonrojante eliminación ante Francia. Su experiencia, versatilidad y espíritu luchador le convierten en un valor seguro en Copa Davis, un tipo de  pieza codiciada por cualquier capitán.
 

El discípulo de Javier Piles se erigió en gran protagonista en esta trabajada victoria ante Estados Unidos. Llegaba mermado física y mentalmente y con poco tiempo de antelación para adaptarse a la tierra batida tras estar desde julio sin entrar en contacto con el polvo de ladrillo. David no tuvo ni una semana por delante para minimizar los efectos de esos condicionantes y lo notó. Pero aparte de ser perro viejo en estos lares el de Jávea tiene una gran capacidad de adaptación y supo sacar las situaciones difíciles que exigieron sus rivales, tanto Querrey como Isner. Ambos partidos depararon devenires similares pero tanto en uno como en otro David no se dejó impresionar por perder el primer set y fue yendo de menos a más hasta desquiciar a sus rivales con esa regularidad en su juego con la que tan lejos ha llegado. De hecho, era el tipo de adversario perfecto para que Ferru hiciera gala de una de esas virtudes de las que hablábamos, la adaptación. El alicantino sabe adecuarse al juego de este tipo de jugadores. Con su vista de lince al resto les desmoraliza, a la par que plantando el muro al otro lado de la pista les recuerda que son grandes al mismo tiempo que toscos.

Pero en un equipo donde con la unión se trata de reducir la relevancia de las individualidades, siempre hay otro jugador que brilla con luz propia. Nicolás Almagro se ha ganado por derecho propio convertirse en un jugador de gran trascendencia en los partidos individuales. Ya no es ese jugador que ofrecía dudas entorno a su fiabilidad. Supo aguantar ante el bombardeo al que fue sometido desde la torre que puso Isner en el costado opuesto, que clavó hasta 25 aces, y mantener la fortaleza mental que esos marationanos choques a cinco sets te piden. Nico parece haber alcanzado ese punto de madurez que se le reclamaba. Tan sólo es cuestión de constancia que el murciano acabe siendo un sólido top-10.
 
El único lunar de las semifinales fue la derrota del dobles ante los todopoderosos hermanos Bryan. O ni eso. Siempre es difícil ganar teniendo enfrente a la pareja más laureada de la historia y muy probablemente la mejor, y más si los dos que intentan plantarles cara no pueden rendir al 100%. Eso es lo que le sucedió a la pareja española a causa de la inoportuna lesión de Marcel Granollers, la misma que había sufrido no mucho antes su compañero Marc López, excepcional, exquisito, extraordinario. Pese a tratarse de un descubrimiento cuanto menos tardío, el otro catalán que conforma el dobles, está haciendo valer el ‘’mejor tarde que nunca’’. Perdió, pero no por ello no hay que ensalzarle por el partidazo que se marcó, que si con el nivel que exhibió no fue el de su vida, no anduvo lejos. Con su osadía el barcelonés se atrevió a dejar en evidencia a dos leyendas de los dobles como Mike y Bob desde el fondo de la pista. Repartió a diestro y siniestro, ya fueran golpes cruzados, paralelos o invertidos, Marc se dedicó a destrozar a los americanos cada vez que se presentaba la oportunidad de un peloteo. Los tiros de los Bryan resultaban tan estériles que el menudo jugador catalán se acomodaba siempre las bolas a su derecha.

Ni la lesión de Marcel frenó su ímpetu. Al contrario. Marc hizo saber que también es un jugador de espíritu. Se multiplicó para seguir desnudando las carencias de los Bryan y sacar a relucir su habilidad felina en la red y contagió de su optimismo a Granollers que por momentos llegó a olvidarse de su pinchazo. Así, con López en plan estelar y los chispazos de calidad de su compañero España logró sostenerse en el partido y pensar en forzar la quinta manga, pero los lógicos errores de Marcel y la marcha más que pusieron los americanos acabarían decantando la balanza a favor de la pareja yankee.
 
 

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