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4 sept 2012

LECCIÓN DE SUPERVIVENCIA DEL LEVANTE


Carácter, espíritu de superación, orden en el juego, jugadas de estrategia, un gran entrenador ...a falta de estrellas, astros....o como se quiera definir esa clase de jugadores que marcan las diferencias en los grandes, esas son las armas para contrarrestar ese déficit. El Levante conjugó todas esas virtudes para voltear el luminoso y hacer gala de una capacidad de supervivencia que abarca todos los estamentos del club como se demuestra en los hechos de haber salido de la Ley Concursal y haber conseguido un billete para viajar por Europa esta temporada con uno de los presupuestos más bajos de la categoría.
 
A diferencia de su rival, el equipo granota sí supo amoldarse a los cambios que requirió el devenir del encuentro mostrando una gran capacidad de adaptación. El Espanyol una vez más dejó patente que sigue teniendo problemas a domicilio y esta vez se fue de vacío en un choque donde se fue al descanso teniendo el control total del encuentro, propiciado por el buen hacer de los pericos desde el minuto uno.

Esa fue la gran paradoja que lastró a los blanquiazules, que con su dominio inicial dejaron claro que quería evitar errores pasados. Lejos de salir aturdidos como en tantos otros partidos el curso pasado, donde el equipo siempre empezaba a labrarse las derrotas, los pupilos de Pocchetino se implicaron como nunca y tomaron la iniciativa. El Levante, un equipo que no hace ascos cuando se trata de ceder la posesión, veía como en esta ocasión era también el empuje periquito el que les encerraba.
 
En esas surgió un genial Verdú, unos de esos futbolistas que siembran el terror cuando tienen el esférico, causando grietas en el centro del campo de los azulgrana, que veían su bloque más desestructurado de lo normal cuando se trataba de elaborar sus letales contragolpes. No obstante, tampoco el dominio del balón se tradujo en ocasiones que terminaran de resquebrajar el entramado defensivo de JIM.

Pero en el fútbol no todo es trenzar jugadas y fue el balón parado el que abrió la lata. Cuando parecía que se empezaba a igualar la contienda el joven debutante Longo reivindicaba su voluntad de querer ser ese hombre gol que busca con ansia el Espanyol y empaló un rechace batiendo a Munúa. El disparo no pudo ser más impecable.

Sin lugar para reacciones, cuatro minutos después, en medio de una rocambolesca jugada en la que la zaga granota no acertó a despejar un saque de esquina irrumpió Tejera para sorpender al meta uruguayo con una preciosa rosca.

En un abrir y cerrar de ojos los de Pocchetino se habían acercado mucho a su primera victoria de la temporada. El Levante parecía otro. Pecó de falta de contundencia en esas jugadas puntuales y a falta de que apareciera Barkero para tomar el mando, no sabía recurrir a otro recurso que no fuera el pelotazo para poner cerco al marco defendido por Christian Álvarez. El esférico pasó a estar con mayor frecuencia en terreno periquito más por la inercia que debía tomar el partido que por una reacción granota. El Espanyol se marchó a vestuarios con sensación de comodidad, algo inusual en estos tiempos, teniendo en cuenta el fortín en el que ha convertido su estadio el conjunto levantinista.

Y ahí apareció don Juan Ignacio Martínez. El técnico de Alicante comprendió que su equipo precisaba de algo radicalmente distinto para variar el previsible sino al que parecía predestinado el choque. El Levante rememoró todas esas virtudes que le llevaron a lograr esa histórica clasificación europea y que parecía haber eclipsado con un primer tiempo lleno de defectos. Y es que la reaparición del equipo del año pasado se advirtió en cada una de las jugadas de los segundos cuarenta y cinco minutos desplegando orden, agresividad y verticalidad.

Adueñarse del cuero era condición ‘sine qua non’ y para ello JIM sacó a Míchel en detrimento de Diop y retrasó a Barkero para darle luz a la salida del balón. El equipo lo agradeció. Con esta reestructuración el guipuzcoano se erigió en el punto de anclaje que permitiera a la zaga no abusar del balón largo y el canterano del Valencia en el enlace que surtiera de balones a los de arriba. Una nueva conexión la que ha descubierto el Levante. El Espanyol aceptó el nuevo rumbo del partido y dio así el primer paso hacia la derrota.

Con el espíritu que le caracteriza, el Levante se abalanzó sobre el área perica. Fue entonces cuando el fútbol dio dos lecciones. La primera, lo importante que es la estrategia. Sacó de esquina Barkero y Gekas dejó franco un balón en la frontal que convirtió Juanlu en golazo con un zurriagazo que se introdujo por la escuadra. La segunda, que nunca hay que dar un balón por perdido. Lell se dejó caer ante Simao, que había tomado el relevo de un Wakaso con molestias, pero el alemán remató a la media vuelta un balón que había quedado muerto. En dos minutos, dos goles. Así se las gasta el Levante.

Lejos de conformarse, los de JIM se envalentonaron y siguieron lanzados para culminar la remontada. Fue entonces cuando definitivamente todo se tornó en contra del Espanyol. Juanfran fue con la contundencia que le caracteriza a por un balón dejando sin su hombre fútbol al Espanyol, ni más ni menos que sin Joan Verdú. Pocchetino decidió que fuera otro debutante, Stuani, el que cogiera el testigo. La lesión del catalán decapitó al Espanyol que se vio sin punto de conexión en las contras y sin ese futbolista que con su pausa frenara el ímpetu de un Levante que buscaba con ahínco el tercer tanto.

En esas la reponsabilidad de llenar el vacío que había dejado la marcha del ex del Barcelona recaía sobre Tejera, más pendiente de tapar vías de agua que de tomar las riendas del juego. Pero no era el día del Espanyol. En un lance del encuentro uno de los goleadores de la tarde se hizo una brecha en la cabeza y Mauricio le tuvo que sustituir por Forlín. Con las características de uno y otro jugador- el argentino es un central reconvertido en mediocentro- los periquitos parecían condenados a no escapar de esa jaula en la que les había metido el empuje del Levante. Nada más lejos de la realidad.
 
El Espanyol empezó a respirar con Forlín que dio el oxígeno que necesitaba el equipo. Él recibió la entrada que supuso la segunda amonestación de Iborra. La expulsión trastocó los planes de JIM que había gritado a los cuatro vientos que iba a por el partido con la entrada en el terreno de juego de Ángel y de Rubén García. Así, el Levante se vio obligado a dar un paso atrás y los de Pocchetino confirmaron su recuperación.

Fue un cambio brusco el que deparó el choque al Levante, que se veía encerrado tras estar toda la segunda mitad embistiendo. Pero este equipo sabe aguantar, leer, y sobre todo, mostrar una gran capacidad de adaptación. Los granotas entendieron que la expulsión lo había cambiado todo y se pusieron el mono de trabajo. Ángel y Rubén que habían salido para dar pólvora al ataque, asumieron el cambio de papel que les exigió el guión del partido y se implicaron en defensa como nadie. El Espanyol tomó el timón pero con su centro del campo, huérfano de fútbol,  apenas puso en dificultades a un ordenado conjunto azulgrana.
 
Y cuando parecía que habría un reparto de puntos igualmente con sabor a gloria para el Levante, a los de JIM aún les quedó una bala de esa arma que mejor define su juego, el contragolpe. Un centro de Míchel fue desviado a las redes por Raul Rodríguez y el Levante se embolsaba tres puntos de oro. El tanto no fue ni mucho menos de bella factura pero lo suficientemente práctico como para demostrar que la fe mueve montañas, la esencia de la supervivencia. Y es que quien sobrevive la consigue.

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