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11 sept 2012

UN TRÍO DE ASES


Como si un juego de sillas se tratara, Contador, Valverde y Purito Rodríguez se han ido alternando las tres posiciones de privilegio de la clasificación general de esta apasionante Vuelta a España. Siempre con el permiso de un Froome que quiso extender hasta aquí el Imperio británico, pero las montañas del tríptico le dejaron claro que conquistar nuestras tierras no es fácil empresa y acabó quedando muy lejos de colarse en la fiesta española del podio. Además, a diferencia de los nuestos, el de Sky jamás llegó a enfundarse el maillot rojo. Aún así,  había dudas entorno al rendimiento del británico de origen keniata por la acumulación de competiciones durante la temporada, si bien es cierto que Valverde ofreció mejores prestaciones pese a no haber preparado tampoco la Vuelta a conciencia.

De lo que no hay duda es de que la ronda española ha sido, de forma indiscutible además, la mejor grande del presente ejercicio. Y esa condición es el mejor termómetro para medir la calidad de un corredor, considerando que la Vuelta se corre en un momento en el que sobra decir que las fuerzas andan justas.

Este tridente ha superado esta dura prueba con creces demostrando quién manda en las carreras de tres semanas. Han venido a refrendar el momento de gloria que vive el ciclismo español siendo también la mejor época de este deporte para los nuestros. Recordamos a Ocaña, a Bahamontes, a Perico Delgado, a Indurain, a Olano, a Heras...pero nunca España había reunido en el pelotón internacional tantos ciclistas y tan buenos. La lista de nombres es inagotable pero si en realidad queremos sintetizar el éxito en un hombre, ése no es otro que Óscar Freire. Para muchos puede resultar extraño que cite el de Torrelavega pero el corredor de Katusha ha revolucionado el concepto de sprinter, una figura inédita en un país de escaladores hasta su irrupción. Sus tres Campeonatos del Mundo así lo confirman y han dado al cántabro el derecho a equipararse con ilustres como Eddy Merckx, con tres entorchados mundiales también.  

Si nos centramos ya en estos tres protagonistas sería injusto no empezar por Valverde. La temporada hasta el momento del murciano merecía ser calificada de buena, con destacados triunfos de etapa en París-Niza y en un desafortunado Tour de Francia para él. Apenas nueve días antes de que la ronda española echara a rodar, Movistar le incluyó en su lista. Sin planificación y a priori, pasado de forma por los esfuerzos acumulados en el año de su regreso, asumía el rol de gregario de lujo para un Juanjo Cobo que era el hombre por el que apostaba la escuadra dirigida por Eusebio Unzué. El paso de los días hizo que el vigente campeón cediera el testigo a un Alejandro que aun teniendo una primera semana brillante con victorias en Arrate y en la Collada de la Gallina, siempre se mostró cauto. Sin embargo, cuando más estaban centrados los focos en él y más se esperaba que desfalleciera, ‘’Balaverde’’ sacó toda esa clase que lleva dentro y se mostró excepcional en la última semana. Espantó esa pájara que siempre se le aparece en este tipo de pruebas en el momento más inesperado y cuajó una colosal actuación camino de Fuente Dé. Su ambición permitió añadir al botín el maillot de la combinada y de la regularidad, que arrebató en el último suspiro a Purito.

Con 32, años el líder de Movistar por fin parece haber alcanzado esa madurez que tanto había echado en falta, pero no fue el único que la exhibió. Joaquim Rodríguez fue otro que hizo gala de la virtud que permite a un corredor auparse a lo más alto de una grande. Que el recorrido se adecuara a sus características, no resta mérito a lo que ha hecho el catalán en esta Vuelta. Dio una contundente respuesta a los que decían que no se adaptaba a las ascensiones largas y aguantó como un jabato los ataques de Contador, al que llegó a superar en el global de alta montaña. Ha aprendido a regular sus fuerzas y ha administrar como nadie ese rush final.  A eso hay que unirle una magnífica preparación. Ritmo de competición en la primera mitad de temporada, concienzudo entrenamiento en Andorra y llegar a un punto de forma muy bueno. Ni la contrarreloj impidió que en el tramo decisivo se dirimiera una intensa lucha entre él y el de Pinto por el rojo. Tras Fuente Dé, dio todo un recital de entereza y saber asumir la derrota. No es fácil atender a los medios tras perder la Vuelta e intentar luchar por una segunda plaza que poco sabor tendría para un corredor que aspiraba probar el dulce del rojo. Sea como sea, Joaquim lo hizo. Purito no sólo derriba muros imposibles en la montaña sino también en el terreno emocional. Todo un ejemplo.

Y qué decir de Alberto Contador. Cuando uno tiene un talento, éste siempre se conserva. Es el caso del de verdadero campeón, lo que siempre ha sido el de Pinto y ni el TAS ni todos esos organismos que le han perseguido han conseguido arrebatárselo. Y como lo es, quiso demostrarlo cuanto antes, mejor. Fue llegar a Arrate y empezar a activar el contador de ataques, que probablemente nunca habrá registrado tantos como hizo Alberto en esta Vuelta. El indiscutible jefe de filas de Saxo Bank veía que su calidad era insuficiente para desbancar a Purito de lo más alto y decidió echar mano del coraje en su máximo esplendor. Influyó el comportamiento de sus respectivos equipos, pero hay que estar hecho de algo especial para culminar con éxito un ataque lanzado a más de 50 km de meta. Y más en estos tiempos, en los que manda el pinganillo. El madrileño tenía que claro que su retorno no se podía saldar de otra manera, y así fue, encumbrándole la hazaña de Fuente Dé aún más.

Contador y Valverde han conseguido volver a la cima con sangre, sudor y lágrimas. Ambos han dado una lección a personajes de la calaña de Pat McQuaid o Ettore Torri, que parecían dar a entender que el uso de sustancias dopantes era el que justificaba sus triunfos. Dos años después Alberto y Alejandro les han dejado en evidencia y siguen demostrando que el éxito es su forma de vida.

Con esta edición de la Vuelta a España, los nuestros han rescatado el hito de ser copado el podio íntegramente por españoles, algo que no se repetía desde 2004, cuando Roberto Heras, Santiago Pérez y Paco Mancebo hicieron lo propio. También se cuentan ocho años desde que ganamos el último Mundial.  ¿Serán capaces estos tres de romper otra larga sequía?

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