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24 oct 2012

EL NUEVO DRAMA DEL BARCELONA



Los equipos que marcan época en el fútbol, como todos los mitos del deporte, tarde o temprano deben pasar por esa prueba de fuego que mide su grado de inmortalidad según la impronta que dejen tras sus pasos. Rememorando el tópico, si es fácil llegar, no así mantenerse, una fase que cuanto más se prolongue mejor. Es en la que se encuentra el Barcelona, obligado a hacer frente al efímero éxito, una dura realidad tan cruda como los partidos que le han venido planteando en los últimos tiempos. No hay técnico en el mundo que estudie al milímetro a los azulgrana y se rompa la cabeza en idear un entramado defensivo para desquiciar a sus estrellas. El Barça se ha acostumbrado a este tipo de tan desagradables encuentros para su fútbol que da por asumido que sus exhibiciones futbolísticas se repetirán cada vez con menos frecuencia. Aún así la victoria, independientemente del momento, es sagrada y se erige en el principal y único remedio para hacer frente a la duda que convive con los jugadores días tras día, una compañera demasiado fiel. La novedad no reside en haber perdido brillantez, sino en haber encontrado un modo de seguir iluminando a afición y prensa. Ellos han dado con ella. Aferrarse el partido y luchar hasta el último minuto. Parece que está dando resultado y lo de ayer fue una nueva prueba de ello. A menudo, aunque no siempre se dé el caso, el deporte siempre quiere premiar a todo aquel impregnado por el espíritu de superación. Quizá ahora el balompié le está devolviendo al Barça en forma de sufridos triunfos los sinsabores que le han hecho degustar el amargura de quedarse a las puertas de dos finales de Liga de Campeones aun teniendo la estadística, la reina de la credibilidad en este deporte, a favor tanto ante el Inter de Milán en 2010 como contra  el Chelsea en 2012. 
Por más que se diga, jamás será recnocido el mérito de Tito Vilanova hasta que todas esas victorias se tornen en títulos. El catalán se ha visto obligado a vérselas ante un escenario totalmente distinto para él en la faceta de entrenador. De repente, ya no es esa sombra de Guardiola que estaba tras esta segunda versión-mejorada- del ‘Dream Team’ sino que es ahora la de del de Santpedor la que planea de forma amenazante sobre él y además le persigue. Le da un respiro cuando el equipo saca resultados prósperos pero el exhaustivo seguimiento se reanuda al día siguiente. Como una pesadilla viviente. Por el momento el juego le acompaña, pero es inevitable, por lógica y por inercia, que no sean los números los que le estén guiando a la luz en este oscuro camino hacia el éxito.
 
 
Un camino en el que tantas veces se reconoce los que van abriendo la alfombra para embellecer los pasos pero en el que caen en el olvido aquellos que antes lo han allanado. La zaga del Barça está siendo el blanco de la desgracia y el centro de los dardos envenanados en forma de críticas de la prensa. Los periodistas han afamado la expresión ‘’defensa de circunstancias’’, un término cuanto menos inadecuado para los culés, resignados a presenciar esta situación como pan de cada día y convirtiéndose este suplicio en una dificultad más. La pareja de centrales que Vilanova alinéo ante el Celtic protagonizaron un curioso capítulo y un contraste sorprendente. Mascherano dio motivos para la más absoluta desesperación, mientras que en Bartra se dieron indicios para la esperanza. Resulta increíble e injusto que una figura en la que se ha sustentado la zaga ‘’de circunstancias’’ y que ha sido el mejor antivirus tanto para Pep como para Tito ante la plaga de lesiones sea también partícipe de las continuas muestras de flaqueza de la defensa en forma de autogoles. Si hasta la seguridad que siempre ha dado ‘Jefecito’ queda en entredicho, acabáramos.
Bartra no vino a hacer otra cosa que dar todo una lección propia de un curso de entrenadores a Tito. Con su gran actuación invitó al técnico de Bellcaire d’Empordá a abandonar el laboratorio, al menos para dejar de hacer los más inimaginables experimentos en el eje de la defensa. Y es que casi sin darse cuenta el Barcelona ha convertido una necesidad manifiesta en una novedosa moda: emplear jugadores de cualquier demarcación en el puesto de central dejando en el olvido a los recambios naturales . Algo de lo que parece haberse contagiado Del Bosque que también optó por recurrir a un centrocampista en el último choque antes que a su recambio lógico. Sobran las razones para destacar las devastadoras consecuencias de esta nueva duda existencial del fútbol español. El zaguero catalán refrendó que a veces no hay nada más inteligente que escoger lo más sencillo para zanjar problemas de tal magnitud. No hay duda de que con Marc el Barça vio un rayo de esperanza, sin duda, la esencia del optimismo. 
 
 

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