
Los equipos que marcan época en el fútbol, como todos los
mitos del deporte, tarde o temprano deben pasar por esa prueba de fuego que
mide su grado de inmortalidad según la impronta que dejen tras sus pasos.
Rememorando el tópico, si es fácil llegar, no así mantenerse, una fase que
cuanto más se prolongue mejor. Es en la que se encuentra el Barcelona, obligado
a hacer frente al efímero éxito, una dura realidad tan cruda como los
partidos que le han venido planteando en los últimos tiempos. No hay técnico en
el mundo que estudie al milímetro a los azulgrana y se rompa la cabeza en idear
un entramado defensivo para desquiciar a sus estrellas. El Barça se ha
acostumbrado a este tipo de tan desagradables encuentros para su fútbol que da
por asumido que sus exhibiciones futbolísticas se repetirán cada vez con menos
frecuencia. Aún así la victoria, independientemente del momento, es sagrada y
se erige en el principal y único remedio para hacer frente a la duda que convive con
los jugadores días tras día, una compañera demasiado fiel. La novedad no reside
en haber perdido brillantez, sino en haber encontrado un modo de seguir
iluminando a afición y prensa. Ellos han dado con ella. Aferrarse el partido y
luchar hasta el último minuto. Parece que está dando resultado y lo de ayer fue
una nueva prueba de ello. A menudo, aunque no siempre se dé el caso, el deporte
siempre quiere premiar a todo aquel impregnado por el espíritu de superación.
Quizá ahora el balompié le está devolviendo al Barça en forma de sufridos triunfos
los sinsabores que le han hecho degustar el amargura de quedarse a las puertas
de dos finales de Liga de Campeones aun teniendo la estadística, la reina de la
credibilidad en este deporte, a favor tanto ante el Inter de Milán en 2010 como
contra el Chelsea en 2012.
Por más que se diga, jamás será recnocido el mérito de Tito
Vilanova hasta que todas esas victorias se tornen en títulos. El catalán se ha
visto obligado a vérselas ante un escenario totalmente distinto para él en la
faceta de entrenador. De repente, ya no es esa sombra de Guardiola que estaba
tras esta segunda versión-mejorada- del ‘Dream Team’ sino que es ahora la de
del de Santpedor la que planea de forma amenazante sobre él y además le
persigue. Le da un respiro cuando el equipo saca resultados prósperos pero el
exhaustivo seguimiento se reanuda al día siguiente. Como una pesadilla
viviente. Por el momento el juego le acompaña, pero es inevitable, por lógica y
por inercia, que no sean los números los que le estén guiando a la luz en este
oscuro camino hacia el éxito.

Un camino en el que tantas veces se reconoce los que van
abriendo la alfombra para embellecer los pasos pero en el que caen en el olvido
aquellos que antes lo han allanado. La zaga del Barça está siendo el blanco de
la desgracia y el centro de los dardos envenanados en forma de críticas de la
prensa. Los periodistas han afamado la expresión ‘’defensa de circunstancias’’,
un término cuanto menos inadecuado para los culés, resignados a presenciar esta
situación como pan de cada día y convirtiéndose este suplicio en una dificultad
más. La pareja de centrales que Vilanova alinéo ante el Celtic protagonizaron
un curioso capítulo y un contraste sorprendente. Mascherano dio motivos para la
más absoluta desesperación, mientras que en Bartra se dieron indicios para la
esperanza. Resulta increíble e injusto que una figura en la que se ha
sustentado la zaga ‘’de circunstancias’’ y que ha sido el mejor antivirus tanto
para Pep como para Tito ante la plaga de lesiones sea también partícipe de las
continuas muestras de flaqueza de la defensa en forma de autogoles. Si hasta la
seguridad que siempre ha dado ‘Jefecito’ queda en entredicho, acabáramos.
Bartra
no vino a hacer otra cosa que dar todo una lección propia de un curso de
entrenadores a Tito. Con su gran actuación invitó al técnico de Bellcaire d’Empordá
a abandonar el laboratorio, al menos para dejar de hacer los más inimaginables
experimentos en el eje de la defensa. Y es que casi sin darse cuenta el
Barcelona ha convertido una necesidad manifiesta en una novedosa moda: emplear
jugadores de cualquier demarcación en el puesto de central dejando en el olvido
a los recambios naturales . Algo de lo que parece haberse contagiado Del Bosque
que también optó por recurrir a un centrocampista en el último choque antes que a su recambio lógico.
Sobran las razones para destacar las devastadoras consecuencias de esta nueva duda
existencial del fútbol español. El zaguero catalán refrendó que a veces no hay
nada más inteligente que escoger lo más sencillo para zanjar problemas de
tal magnitud. No hay duda de que con Marc el Barça vio un rayo de esperanza, sin duda, la
esencia del optimismo.

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