El Atlético acudía a la caldera de un
ardiente Sánchez Pizjuán pese al diluvio que abrió el prólogo de este segundo
capítulo de la semifinal. Pretendió el intenso Sevilla de Emery y su convencida
hinchada convertir su templo en un despertador de hostilidades que atemorizara
a los colchoneros en una clara llamada al mito del Pupas, al que los visitantes
espantaron en el momento más complicado. A los hispalenses les salió rana esa
puesta en escena ya que equipo y parroquia presenciaron el Atleti en estado
puro, el que tiene el sello de Simeone. Pero un equipo rojiblanco respondón, reacción
abanderada por un extraordinario Diego Costa. El punta brasileño devoró el
hambre del Sevilla con el genio que lleva dentro y acabó engulliendo a los andaluces
a nervios y a rojas con su arogante actitud.

Los de la riba del Manzanares sabían
que no se podían acobardar ante el inicio infernal anunciado por el Sevilla y
firmó un comienzo propio de esos equipos que no se acongojan en las grandes
ocasiones y es por eso que se han ganado con total justicia el ser la rebuscada
alternativa a Barcelona y Real Madrid. Como si de proyectar la personalidad del
Cholo se tratara, el Atlético salió a fijar la presión bien arriba renunciando
a cualquier amago de conceder terreno a las fieras sevillistas. Antes bien alguien tenía que sacar valentía
para luego acomodarse en la precaución. Lo hizo Diego Costa en un acto más bien
de rebeldía. No le importó recibir ante la vigilancia de tres jugadores del
Sevilla y sorprendió con un disparo raso inalcanzable para Beto. Sangre fría la
del carioca.
El tanto aportó tranquilidad el
choque, que se empezó a encauzar como se preveía. El Atlético inició su trabajo
defensivo ante un Sevilla que, fracasado el intento de rebentar el partido en
el inicio, se abalanzó sobre la portería de Courtois con un empuje que aculaba
al campeón de la Europa League a pasos agigantados y con un gol podía encontrar
una segunda oportunidad de que se diera el partido movido que los hispalenses
ansiaban al comienzo. No obstante, surgió de nuevo Diego Costa e irrumpió
Falcao para que el Atleti asestara una puñalada casi definitiva a la parroquia
sevillista. Entregó el colombiano para el brasileño, que galopó hasta servir un
balón que el Tigre cazó para dar otro zarpazo a la eliminatoria.
Silenciado el Pizjuán y calmados los
aires revolucionarios del Sevilla, los chavales de la casa tomaron la
responsabilidad de reactivarlo todo y recuperar la moral que en aquellos
instantes tan delicados se presumía como el cimiento para levantar la semifinal. El imberbe
Alberto recordó con su desparpajo por la banda al Navas de los inicios e hizo
jugar a su equipo desde el costado. El Navas del presente culminó una preciosa
combinación entre el joven lateral y Reyes con un golazo. Era tan sólo el avance
de con quien tendrían que lidiar los colchoneros tras el paso por vestuarios.

El de Los Palacios lideró con sus
constantes e imparables internadas al mejor Sevilla, que rememoró por momentos
aquel equipo que no tantos años atrás estrangulaba a sus enemigos desde los
flancos aunque sólo fuera el de Jesús el epicentro de todas las operaciones ofensivas
del conjunto andaluz. Pese a todo, Negredo traicionó los principios de todo delantero centro
y en ninguna de las ocasiones pudo añadirle al partido el picante que necesitaba
para aterrorizar al Atlético. La tormenta empezó a cesar para los rojiblancos
pero quedando aún para el silbido final, un tanto podía dilucidar un rayo de
esperanza para el Sevilla.
Fue entonces cuando Simeone su impuso
a Emery en el duelo en los banquillos. El argentino fue más rápido que su
homólogo en remediar el rumbo que estaba tomando el choque que este en mantener
viva la chispa que pudiera incendiar el encuentro. Sabía el Cholo que esa banda
derecha era la llave que podía abrir las puertas hacia la final a los
hispalenses y pegarle un portazo a su equipo, y sacó al Cebolla y a Koke para
aportar frescura en las ayudas al extremo andaluz. Unai Emery quiso hallar en Cicinho
el socio que solicitaba el internacional español en su transitada banda -hubo lances en los que se vio rodeado de hasta cuatro camisetas atléticas-, pero el
efecto Navas ya estaba para diluirse. El vasco ya había errado antes con la
introducción al campo de Manu del Moral por Reyes, con la que dejó huérfano el
lado izquierdo.
El Atlético se dedicó a adormecer el
partido y asistir al suicidio del Sevilla, protagonizado por la expulsión de
Medel que reflejó la impotencia con la que castiga a sus rivales un Diego Costa
que, sin querer o no, reivindicó en la recta final su transcendental papel en
estos dos partidos. Kondogbia fue otro de esos afectados en una acción absurda
poco después de que Rakitic interviniera para imponer la justicia en el
marcador que reclamaba un choque de lo más parejo, la misma con la que el
Atleti se ha ganado el derecho de saldar cuentas pendientes con el Real Madrid
en la finalísima. El carácter que ha imprimido el Cholo a sus pupilos ha hecho
por fin una escuadra ganadora que ha borrado todos los prejuicios que encadenaban
al Atlético del pasado. ¿Podrán los del Manzanares restituir los daños causados
a su afición tras tantos años sin tumbar a su eterno rival? Lo sabremos el
próximo 18 de mayo.

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