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6 mar 2013

El Madrid se lo cree


Por el taconazo de Redondo, por el recital de Ronaldo y desde ayer Old Trafford también será recordado por la parroquia blanca por haber culminado una semana de ensueño en un escenario de tradición futbolística y de pseudónimo que ni pintado para la ocasión, el Teatro de los Sueños. Los blancos parecen haberse acogido al espíritu de la Octava para dilucidar con la ilusión de la Décima –y ahora también de la Copa- un horizonte que hace cosa de un mes vislumbraba un negro final de temporada oscurecido por el suplicio de la Liga. En este caso, los de Mourinho se encontraron con esa pequeña dosis de suerte necesaria para completar tan fantástica semana y la roja de Nani  que aún anda debatiéndose su calificativo -, justa, rigurosa, desmedida-, fue la rampa de lanzamiento para un equipo movido por impulsos y con poco fútbol frente al plantamiento propuesto por Ferguson. Lo cierto es que si, Sir Alex se hizo acreedor del pase a cuartos con su brillante estrategia, no así su United, que se aterró con la expulsión y no recuperó su identidad hasta el segundo del Madrid.

Sergio Ramos marca en propia puerta.Mourinho puso sin más dilación el once que apeó al Barça de la Copa del Rey ante la sorprendente alineación de su colega en el Manchester, sin Rooney y sin Kagawa, y con Nani y con el ayer milenario Giggs. Más allá de la propuesta anti contraataque pregonada por Ferguson, a la larga el escocés también inclinó hacia su favor el pulso táctico con el luso. Y hasta el más mínimo detalle. Los diablos rojos manifestaron desde los compases inicilaes un obsesivo clamor contra todo aquello que pudiera dar pie a un contragolpe blanco. Arriesgar en los balones dividios y tocarla en el centro del campo no estaba en la agenda de los ingleses que en cambio si tenían subrayado que había que salir rápido para desarticular un conjunto poco habituado a jugar contra su sombra. Así fue en un primer tiempo en el que Wellbeck se filtró por todos los caminos viables que llevaran a Diego López. En esas Sergio Ramos dio un paso más para quedar como un central legendario para la historia del Real Madrid y Varanne para consagrarse como futura pareja del sevillano –o de Pepe, quien sabe si este chaval no se gana dentro de poco un puesto fijo en el corazón de la zaga blanca. Y cuando no estuvieron ellos ya intervino el palo en un cabezazo de Vidic o apareció Diego López en en un preludio de su determinante exhibición final.



Instante de la expulsión de Nani, con Arbeola como testigo.
Y como no podía ser de otra manera en este tipo de choques, el sufrimiento del ‘Mou Team’ también se hizo notar en la imaginación ofensiva, obligatoria para resquebrajar la férrea defensa de los red devils. El Madrid volvió a mostrare ante Europa como un equipo vulgar y plano cuando el balón requiere más mimo y paciencia que en una contra. La ayer escuadra verde capitalizó sus ofensivas sobre el costado izquierdo, el supuesto agujero negro del Manchester, donde estaba Rafael y donde los discípulos de Ferguson fueron a convertir su debilidad en su punto fuerte, en parte gracias al inestimable trabajo de Giggs. Una antítesis que jamás comprendió el equipo español, empecinado en acumular jugadores, por un costado donde Cristiano fue víctima del minucioso estudio de sir Alex y ni un buen Coentrao podía progresar. No supo el Madrid explotar el flanco contrario, sin dueño claro y con un Arbeloa condicionado por las subidas de Nani. Tampoco Özil pudo sobresalir. El alemán trató de cubrir todo el frente pero fue en vano. Y Di María se rompió.
El segundo tiempo no pudo traer peores noticias para el Madrid. Varane y Ramos sucumbieron por primera vez ante las endiabladas acciones ofensivas del Manchester para recibir el primero. El gol tenía más valor emotivo que racional. Continuaban los pupilos de Mourinho necesitando un gol, aunque fuera para forzar la prórroga. Aún así, la situación era alarmante para los visitantes, más por las sensaciones que por las frías estadísticas, que seguían transmitiendo caridad en sus desorientadas transiciones ofensivas. Faltaba un suspiro para que el Real Madrid entrada en fase de ansiedad hasta que el más inesperado lance lo convirtiera en un trecho y pusiera en entredicho la encomiable seguridad del Manchester. Nani entró brusco a Arbeloa y el turco Çakir sacó roja. Un color de tarjeta que generará debates tan intensos como interminables. Para disputas hay gustos.
Fue entonces cuando un incomprensible sentimiento de pánico apagó el ardiente espíritu del infierno en el que convirtieron los red devils la defensa de su arco. Los ingleses trataron de hallar el refugio en la anárquica acumulación de hombres en su área y demostraron cómo una fatídica decisión puede derrumbar tu trabajo en cuestión de minutos. Mou acertó con su arriesgada de decisión de meter a Modric por el protagonista blanco de la jugada de la discordia, una vez que la amenaza de Nani había arreciado. El croata canalizó el permitido entusiasmo con que el Madrid se abalanzó sobre De Gea y con un zambombazo ajustado al palo derecho se reencontró consigo mismo de un solo chispazo de calidad. El Madrid aprovechó la crisis del United para saciar su apetito a cargo de Cristiano y desatar el delirio en los 3.000 aficionados blancos e imponer el silencio en Old Trafford.
El Manchester, acorralado por el resultado, se desmelenó y  afiló el cuchillo con la entrada de Rooney y Young y Valencia, con el que pasó a jugar con tres atrás. Con sus mejores armas, el conjunto inglés escopeteó a Diego López, que fue el chaleco antibalas que no pudo fabricar el Madrid con el balón. Los merengues habían aprobado raspado su primer cometido con el balón, el de meter goles, y suspendieron la otra asignatura, pues fueron incapaces los chicos de Mou de mantener la posesión para domar la fiera que en aquel momento el United llevaba dentro pero el sustituto temporal de Casillas hizo factible el desenlace más deseado de un epílogo del que dependía cerrar con final feliz esta trilogía semanal. 

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