Tanto sudor derramó un bravo Valencia
sobre el campo que el PSG tuvo que poner toda la sangre en defenderse para
evitar el triunfo de los valientes, de los luchadores, de la justicia, que ayer
vestía de orgullo ché. Los de la capital del Turia libraron una batalla campal
donde los parisinos esperaban pasar un día de relax sobre el césped. El
Valencia tuvo muy claro siempre que la hazaña era posible encima de un
escenario con aires de nobleza, ni más ni menos que en el verde del imponente Parque
de los Príncipes y frente al multimillonario PSG. El único noble sobre el tapete fue el equipo español, que con galones hizo olvidar por momentos los
millones que valían los jugadores de Ancelotti y sembrando tensiones en todo el
personal del templo parisino. El Valencia quedó eliminado, pero con grandeza.

Sin embargo, sería injusto
centralizar el mérito del conjunto ché en su personalidad. Los hombres de
Valverde dieron todo un ejemplo de saber estar y ofrecieron el espejo en el que
se tiene que reflejar todo aquel que busca levantar una eliminatoria
complicada. Atacó con decisión pero defendió con ahínco, ni tampoco se volvió
loco el ‘txingurri’ con la alineación. Rehusó colapsar de calidad el centro del
campo y prefirió confiar en la experta conducción del equipo que podía brindar
el incansable Albelda para frenar la velocidad del temible contragolpe local,
gran pesadilla en la ida y consiguiente obsesión del técnico vasco para obrar
el milagro. Así, con serenidad pero sin pausa el Valencia lanzó el reto al PSG.
Los franceses nunca asumieron el desafío y fueron presos todo el partido de ese
aburguesamiento en el que cae todo equipo cuando contempla el buen resultado de la
ida como una recompensa para descansar en vez de una mina de oro para explotar psicológicamente al rival. Sin Ibrahimovic ni Verratti, el resplandor de las estrellas
parisinas quedó reducido al oscuro trabajo de Alex y Thiago Silva en el eje de
la zaga y la inagotable omnipresencia de Matuidi. Ancelotti había dejado claro
que sus pupilos jugarían como en Mestalla, pero los ché lograron que sus chicos
transmitieran un mensaje confuso.

El Valencia activó su plan con
inteligencia en el primer tiempo pero careció de picardía e ideas en los
últimos metros y eso confortó la mediocridad ofensiva del PSG. Los españoles
recuperaban y se anticipaban a las jugadas pero por contra casi siempre cayeron
en la precipitación a la hora de articular las acometidas, y las dos veces que
esquivaron esos vicios en la primera mitad Soldado no acertó al apretar el
gatillo de su fusil y a Jonas le sobraron ganas en un control con el pecho que
le dejaba solo ante Sirigu. Albelda trazaba bien las pautas en la hoja de ruta
que le daba su experiencia, a pesar de los borrones que arrojó la claridadel sentido del juego por el centro que
no terminaron de alcanzar Tino Costa ni Parejo. No obstante, el mayor lastre
para el Valencia fueron sus márgenes que jamás se enderezaron durante el
choque. Barragán y Cissokho llegaron con la profundidad que se les pedía pero
su falta de acierto en los centros mandaron al limbo cantidad de opciones de
ataque para los españoles. Feghouli sencillamente no estuvo.
La radiografía de Valverde tras el
primer tiempo determinó que había llegado la hora de guardar la batuta del gran
capitán para sacar la varita mágica de Banega. El de Banega aportó luz a las
ideas del Valencia con su clarividencia y empezó a mover al equipo como un
acordeón. Fruto del dominio valencianista consagrado con la entrada de Éver,
Jonas recogió un balón tras buena presión de los ché y sacudió al PSG el
bofetón del miedo con un potente disparo ajustado al poste izquierdo. A pesar
de todo, los de la capital del Turia no pudieron prolongar esa fase del terror
que a la larga hubiera desmontado a la escuadra de Ancelotti por una mala
entrega de Parejo a la salida del balón diez minutos después. La pifia del centrocampista tan sólo fue el
origen de la cadena de infortunios que sufrió la zaga valencianista a la que se
agarró Lavezzi para dar un soplo de alivio a su equipo.

El Valencia trató de restarle
importancia a un golpe que poco variaba la mitad del plan que quedaba por
cumplir. Los hombres del Txingurri siguieron percutiendo sobre el área al son
que tocaba Banega pero nunca se terminó a de afinar para asfixiar al PSG. El
peligro por banda ni existió a pesar de la entrada de Piatti y faltó el
oportunista remate final de Valdez, la voracidad de Soldado o el ‘tinazo’ de
turno. Así fue como los de Valverde finalizaron su periplo por Europa el día en
que murieron en las cercanías de una cima llamada remontada que a punto estuvieron de conquistar.
Sin embargo, este 6 de marzo de 2013 será recordado como aquella vez que el
Valencia hincó la rodilla de pie. El día en el que salió de París sobre la
alfombra del honor y dejó el orgullo ché a la altura de la majestuosa Torre
Eiffel.
PD: Dedicado a Alex, gran amigo
valencianista de corazón
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