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8 mar 2013

El Valencia cae de pie


Tanto sudor derramó un bravo Valencia sobre el campo que el PSG tuvo que poner toda la sangre en defenderse para evitar el triunfo de los valientes, de los luchadores, de la justicia, que ayer vestía de orgullo ché. Los de la capital del Turia libraron una batalla campal donde los parisinos esperaban pasar un día de relax sobre el césped. El Valencia tuvo muy claro siempre que la hazaña era posible encima de un escenario con aires de nobleza, ni más ni menos que en el verde del imponente Parque de los Príncipes y frente al multimillonario PSG. El único noble sobre el tapete fue el equipo español, que con galones hizo olvidar por momentos los millones que valían los jugadores de Ancelotti y sembrando tensiones en todo el personal del templo parisino. El Valencia quedó eliminado, pero con grandeza.

                              

Sin embargo, sería injusto centralizar el mérito del conjunto ché en su personalidad. Los hombres de Valverde dieron todo un ejemplo de saber estar y ofrecieron el espejo en el que se tiene que reflejar todo aquel que busca levantar una eliminatoria complicada. Atacó con decisión pero defendió con ahínco, ni tampoco se volvió loco el ‘txingurri’ con la alineación. Rehusó colapsar de calidad el centro del campo y prefirió confiar en la experta conducción del equipo que podía brindar el incansable Albelda para frenar la velocidad del temible contragolpe local, gran pesadilla en la ida y consiguiente obsesión del técnico vasco para obrar el milagro. Así, con serenidad pero sin pausa el Valencia lanzó el reto al PSG. Los franceses nunca asumieron el desafío y fueron presos todo el partido de ese aburguesamiento en el que cae todo equipo cuando contempla el buen resultado de la ida como una recompensa para descansar en vez de una mina de oro para explotar psicológicamente al rival. Sin Ibrahimovic ni Verratti, el resplandor de las estrellas parisinas quedó reducido al oscuro trabajo de Alex y Thiago Silva en el eje de la zaga y la inagotable omnipresencia de Matuidi. Ancelotti había dejado claro que sus pupilos jugarían como en Mestalla, pero los ché lograron que sus chicos transmitieran un mensaje confuso.

                          

El Valencia activó su plan con inteligencia en el primer tiempo pero careció de picardía e ideas en los últimos metros y eso confortó la mediocridad ofensiva del PSG. Los españoles recuperaban y se anticipaban a las jugadas pero por contra casi siempre cayeron en la precipitación a la hora de articular las acometidas, y las dos veces que esquivaron esos vicios en la primera mitad Soldado no acertó al apretar el gatillo de su fusil y a Jonas le sobraron ganas en un control con el pecho que le dejaba solo ante Sirigu. Albelda trazaba bien las pautas en la hoja de ruta que le daba su experiencia, a pesar de los borrones que arrojó la claridadel sentido del juego por el centro que no terminaron de alcanzar Tino Costa ni Parejo. No obstante, el mayor lastre para el Valencia fueron sus márgenes que jamás se enderezaron durante el choque. Barragán y Cissokho llegaron con la profundidad que se les pedía pero su falta de acierto en los centros mandaron al limbo cantidad de opciones de ataque para los españoles. Feghouli sencillamente no estuvo.


La radiografía de Valverde tras el primer tiempo determinó que había llegado la hora de guardar la batuta del gran capitán para sacar la varita mágica de Banega. El de Banega aportó luz a las ideas del Valencia con su clarividencia y empezó a mover al equipo como un acordeón. Fruto del dominio valencianista consagrado con la entrada de Éver, Jonas recogió un balón tras buena presión de los ché y sacudió al PSG el bofetón del miedo con un potente disparo ajustado al poste izquierdo. A pesar de todo, los de la capital del Turia no pudieron prolongar esa fase del terror que a la larga hubiera desmontado a la escuadra de Ancelotti por una mala entrega de Parejo a la salida del balón diez minutos después. La pifia del centrocampista tan sólo fue el origen de la cadena de infortunios que sufrió la zaga valencianista a la que se agarró Lavezzi para dar un soplo de alivio a su equipo.

                                

El Valencia trató de restarle importancia a un golpe que poco variaba la mitad del plan que quedaba por cumplir. Los hombres del Txingurri siguieron percutiendo sobre el área al son que tocaba Banega pero nunca se terminó a de afinar para asfixiar al PSG. El peligro por banda ni existió a pesar de la entrada de Piatti y faltó el oportunista remate final de Valdez, la voracidad de Soldado o el ‘tinazo’ de turno. Así fue como los de Valverde finalizaron su periplo por Europa el día en que murieron en las cercanías de una cima llamada remontada que a punto estuvieron de conquistar. Sin embargo, este 6 de marzo de 2013 será recordado como aquella vez que el Valencia hincó la rodilla de pie. El día en el que salió de París sobre la alfombra del honor y dejó el orgullo ché a la altura de la majestuosa Torre Eiffel.


PD: Dedicado a Alex, gran amigo valencianista de corazón

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