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14 mar 2013

Larga vida a este Barça


El Barcelona lanzó una réplica aterradora a sus más feroces críticos y detractores y se coloca en cuartos de la Champions pronunciando un claro mensaje: el Barça está de vuelta. Cuando el ambiente fatalista que siempre ha rodeado al barcelonismo en los peores momentos y las campanas repicaban anunciando la muerte del equipo de los récords, los azulgrana afinaron otra vez con sus mejores instrumentos e interpretar on una sinfonía con el balón que embelesó al Viejo Continente como hace un tiempo no tan lejano lo hacía. Los tres ejes sobre los que gravita el juego del Barça –Messi, Xavi, Iniesta-, alzaron la voz y dejaron en escombros la muralla del Milan. ‘La Pulga’ volvió a engrandecerse –si alguna vez se encogió- escoltado por un Villa que de nuevo expuso argumentos inapelables sobre el campo para diluir los rumores de su venta.

                                    
                        
Se le reclamaba a esta segunda versión del ‘Dream Team’ una remontada de dimensiones épicas para inmortalizar aún más a un grupo de futbolistas que dio otro paso de gigante para dar inmunidad a su sello contra el paso del tiempo. Con el espíritu cruyffista, el fútbol guardiolista y la indiscutible impronta de Tito el Barcelona arengó en su arranque con hechos -un juego convencido, bonito y vertical-, al Camp Nou a vivir una noche inolvidable. Aunque en la penumbra en un día donde los futbolistas tenían que ser los únicos protagonistas, desde el banquillo –ya fuera Roura por propia iniciativa o siguiendo la lejana pero presente voz de Tito- se articuló adecuadamente ese discurso. Villa retornó a su hábitat natural de ‘9’ y Alves contribuyó con su posición adelantada a hacer menos espeso el bosque de piernas milanistas. Lo que se pedía para que el ecosistema azulgrana volviera a respirar armonía.

Partiendo de estas premisas, el Barcelona inspiró lógica a sus intenciones y jamás fue preso de la pasión. Xavi fue el reloj que hizo girar a los culés en el sentido idóneo en cada instante del partido e Iniesta fue el complemento perfecto con su dañina conducción del balón. A su alrededor, los astros azulgrana sacaban al Milan de su órbita y demostraron que a veces los grandes problemas requieren soluciones sencillas. Villa, en su puesto de delantero centro clásico fue el imán que alivió la atracción de jugadores por parte de Messi y el ruido de Alves y Pedro por banda atosigó a los italianos. El Barça pasó del complicado y erróneo juego practicado en San Siro a simplificarlo. Con Xavi como puente de paso obligado, bastaba abrir a los costados para bombardear a centros el muro italiano o agilizar el tráfico central con disparo lejano. Así llegaría el primero.

Los azulgrana dejaron para la galeria un extraordinario contraste de ritmos en una misma jugada. Iniesta y Xavi lideraron el aparente trote con el que el Barça llegó al balcón del área, donde Messi soltó un latigazo y abrió el telón a su recital. El gol del argentino fue el detonante que convirtió al Milan en un esbozo de lo que fue en la ida. Los de Allegri empezaron a olvidar la solidez de su ejercicio defensivo en el primer asalto. Ya no eran esa frontera humana inexpugnable, ahora el Barça les había transformado en inseguros jugadores a merced del conjunto catalán, que daba más y más vueltas a esa llave que le permitió abrir el cerrojo ‘rossonero’. Abbiati prolongó la existencia de su equipo con paradas a tiros a media distancia del ‘6’ de Terrassa y del manchego.

                              

El fútbol es fútbol y se dio uno de esos episodios sobre el que se proyecta la grandeza del deporte rey. El Camp Nou, necesitaba eso, una noche mágica. Con todas sus consecuencias. Parecía razón de un hechizo que los italianos pudieran disipar la magia azulgrana y Niang lo hizo factible en la única ocasión que la zaga culé perdió la espalda, pero la fortuna medió con el poste en un guiño que le había negado al Barça en el Giuseppe Meazza. Leo Messi culminó el final tergiversado de este capítulo que había empezado con susto y acabó en éxtasis para igualar la eliminatoria poco antes del asueto.

El Milan salió con la mente puesta en darse una segunda oportunidad y adelantó líneas en busca de la reacción. La única respuesta seguía teniendo color azulgrana y el Barça no se cansó de redundar en su actitud y en su fútbol en busca del tanto del delirio que no se haría esperar. Después de encontrar a Messi en los dos primeros goles, los chicos de Roura dieron una vuelta de tuerca más a su imaginación y Xavi abrió a la derecha para que Villa osara anotar de un precioso disparo con efecto el chicharro de dentro del área que se había vuelto misión imposible para los culés. Justo premio al incommensurable trabajo anterior que el guaje había desarrollado en la fijación de los centrales rossoneros. La labor pasiva de los grandes nueves.


                                   

El gol del asturiano marcó un cambio de rumbo del choque. El Milan cogió el traje de heptacampeón de Europa y en un ejercicio de orgullo fue a la busca y captura del único tanto que le bastaba para reconquistar el camino hacia los cuartos. El Barcelona no vio con malos ojos resguardar sus espaldas y asumir que tocaba sufrir y contener el glamour para coger el pico y la pala. Oxigenado por la entrada al tapete de Muntari, los pupilos de Massimiliano Allegri fueron decididos a por la jugada de la gloria y con la amenaza de los recién ingresados Bojan y Robinho añadiendo morbo al asunto. Caprichos del destino, ambos, con la intervención final del ex azulgrana, participaron en la combinación milanista que pudo petrificar al Camp Nou.

Porque lo quiso el fútbol, los catalanes rubricaron la goleada con esa jugada que tanta sangre ha derramado en los sentimientos de jugadores y afición en el pasado reciente: un contragolpe de manual, con autoría de Jordi Alba. Confirmada la vuelta de Tito en dos semanas, el alma de Roura respira tranquila y ve como el chaparrón de críticas arrecia y la nube que ha convertido en una eternidad su breve paso por el puesto de máximo responsable del equipo se desvanece. El Barça rescató su versión apabullante, pero tan sólo bastaron 90 minutos para reestablecer la ilusión en una temporada abocada al fracaso y la desgracia. El fútbol es así. 

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