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14 mar 2013

Larga vida a este Barça


El Barcelona lanzó una réplica aterradora a sus más feroces críticos y detractores y se coloca en cuartos de la Champions pronunciando un claro mensaje: el Barça está de vuelta. Cuando el ambiente fatalista que siempre ha rodeado al barcelonismo en los peores momentos y las campanas repicaban anunciando la muerte del equipo de los récords, los azulgrana afinaron otra vez con sus mejores instrumentos e interpretar on una sinfonía con el balón que embelesó al Viejo Continente como hace un tiempo no tan lejano lo hacía. Los tres ejes sobre los que gravita el juego del Barça –Messi, Xavi, Iniesta-, alzaron la voz y dejaron en escombros la muralla del Milan. ‘La Pulga’ volvió a engrandecerse –si alguna vez se encogió- escoltado por un Villa que de nuevo expuso argumentos inapelables sobre el campo para diluir los rumores de su venta.

                                    
                        
Se le reclamaba a esta segunda versión del ‘Dream Team’ una remontada de dimensiones épicas para inmortalizar aún más a un grupo de futbolistas que dio otro paso de gigante para dar inmunidad a su sello contra el paso del tiempo. Con el espíritu cruyffista, el fútbol guardiolista y la indiscutible impronta de Tito el Barcelona arengó en su arranque con hechos -un juego convencido, bonito y vertical-, al Camp Nou a vivir una noche inolvidable. Aunque en la penumbra en un día donde los futbolistas tenían que ser los únicos protagonistas, desde el banquillo –ya fuera Roura por propia iniciativa o siguiendo la lejana pero presente voz de Tito- se articuló adecuadamente ese discurso. Villa retornó a su hábitat natural de ‘9’ y Alves contribuyó con su posición adelantada a hacer menos espeso el bosque de piernas milanistas. Lo que se pedía para que el ecosistema azulgrana volviera a respirar armonía.

Partiendo de estas premisas, el Barcelona inspiró lógica a sus intenciones y jamás fue preso de la pasión. Xavi fue el reloj que hizo girar a los culés en el sentido idóneo en cada instante del partido e Iniesta fue el complemento perfecto con su dañina conducción del balón. A su alrededor, los astros azulgrana sacaban al Milan de su órbita y demostraron que a veces los grandes problemas requieren soluciones sencillas. Villa, en su puesto de delantero centro clásico fue el imán que alivió la atracción de jugadores por parte de Messi y el ruido de Alves y Pedro por banda atosigó a los italianos. El Barça pasó del complicado y erróneo juego practicado en San Siro a simplificarlo. Con Xavi como puente de paso obligado, bastaba abrir a los costados para bombardear a centros el muro italiano o agilizar el tráfico central con disparo lejano. Así llegaría el primero.

Los azulgrana dejaron para la galeria un extraordinario contraste de ritmos en una misma jugada. Iniesta y Xavi lideraron el aparente trote con el que el Barça llegó al balcón del área, donde Messi soltó un latigazo y abrió el telón a su recital. El gol del argentino fue el detonante que convirtió al Milan en un esbozo de lo que fue en la ida. Los de Allegri empezaron a olvidar la solidez de su ejercicio defensivo en el primer asalto. Ya no eran esa frontera humana inexpugnable, ahora el Barça les había transformado en inseguros jugadores a merced del conjunto catalán, que daba más y más vueltas a esa llave que le permitió abrir el cerrojo ‘rossonero’. Abbiati prolongó la existencia de su equipo con paradas a tiros a media distancia del ‘6’ de Terrassa y del manchego.

                              

El fútbol es fútbol y se dio uno de esos episodios sobre el que se proyecta la grandeza del deporte rey. El Camp Nou, necesitaba eso, una noche mágica. Con todas sus consecuencias. Parecía razón de un hechizo que los italianos pudieran disipar la magia azulgrana y Niang lo hizo factible en la única ocasión que la zaga culé perdió la espalda, pero la fortuna medió con el poste en un guiño que le había negado al Barça en el Giuseppe Meazza. Leo Messi culminó el final tergiversado de este capítulo que había empezado con susto y acabó en éxtasis para igualar la eliminatoria poco antes del asueto.

El Milan salió con la mente puesta en darse una segunda oportunidad y adelantó líneas en busca de la reacción. La única respuesta seguía teniendo color azulgrana y el Barça no se cansó de redundar en su actitud y en su fútbol en busca del tanto del delirio que no se haría esperar. Después de encontrar a Messi en los dos primeros goles, los chicos de Roura dieron una vuelta de tuerca más a su imaginación y Xavi abrió a la derecha para que Villa osara anotar de un precioso disparo con efecto el chicharro de dentro del área que se había vuelto misión imposible para los culés. Justo premio al incommensurable trabajo anterior que el guaje había desarrollado en la fijación de los centrales rossoneros. La labor pasiva de los grandes nueves.


                                   

El gol del asturiano marcó un cambio de rumbo del choque. El Milan cogió el traje de heptacampeón de Europa y en un ejercicio de orgullo fue a la busca y captura del único tanto que le bastaba para reconquistar el camino hacia los cuartos. El Barcelona no vio con malos ojos resguardar sus espaldas y asumir que tocaba sufrir y contener el glamour para coger el pico y la pala. Oxigenado por la entrada al tapete de Muntari, los pupilos de Massimiliano Allegri fueron decididos a por la jugada de la gloria y con la amenaza de los recién ingresados Bojan y Robinho añadiendo morbo al asunto. Caprichos del destino, ambos, con la intervención final del ex azulgrana, participaron en la combinación milanista que pudo petrificar al Camp Nou.

Porque lo quiso el fútbol, los catalanes rubricaron la goleada con esa jugada que tanta sangre ha derramado en los sentimientos de jugadores y afición en el pasado reciente: un contragolpe de manual, con autoría de Jordi Alba. Confirmada la vuelta de Tito en dos semanas, el alma de Roura respira tranquila y ve como el chaparrón de críticas arrecia y la nube que ha convertido en una eternidad su breve paso por el puesto de máximo responsable del equipo se desvanece. El Barça rescató su versión apabullante, pero tan sólo bastaron 90 minutos para reestablecer la ilusión en una temporada abocada al fracaso y la desgracia. El fútbol es así. 

8 mar 2013

El Valencia cae de pie


Tanto sudor derramó un bravo Valencia sobre el campo que el PSG tuvo que poner toda la sangre en defenderse para evitar el triunfo de los valientes, de los luchadores, de la justicia, que ayer vestía de orgullo ché. Los de la capital del Turia libraron una batalla campal donde los parisinos esperaban pasar un día de relax sobre el césped. El Valencia tuvo muy claro siempre que la hazaña era posible encima de un escenario con aires de nobleza, ni más ni menos que en el verde del imponente Parque de los Príncipes y frente al multimillonario PSG. El único noble sobre el tapete fue el equipo español, que con galones hizo olvidar por momentos los millones que valían los jugadores de Ancelotti y sembrando tensiones en todo el personal del templo parisino. El Valencia quedó eliminado, pero con grandeza.

                              

Sin embargo, sería injusto centralizar el mérito del conjunto ché en su personalidad. Los hombres de Valverde dieron todo un ejemplo de saber estar y ofrecieron el espejo en el que se tiene que reflejar todo aquel que busca levantar una eliminatoria complicada. Atacó con decisión pero defendió con ahínco, ni tampoco se volvió loco el ‘txingurri’ con la alineación. Rehusó colapsar de calidad el centro del campo y prefirió confiar en la experta conducción del equipo que podía brindar el incansable Albelda para frenar la velocidad del temible contragolpe local, gran pesadilla en la ida y consiguiente obsesión del técnico vasco para obrar el milagro. Así, con serenidad pero sin pausa el Valencia lanzó el reto al PSG. Los franceses nunca asumieron el desafío y fueron presos todo el partido de ese aburguesamiento en el que cae todo equipo cuando contempla el buen resultado de la ida como una recompensa para descansar en vez de una mina de oro para explotar psicológicamente al rival. Sin Ibrahimovic ni Verratti, el resplandor de las estrellas parisinas quedó reducido al oscuro trabajo de Alex y Thiago Silva en el eje de la zaga y la inagotable omnipresencia de Matuidi. Ancelotti había dejado claro que sus pupilos jugarían como en Mestalla, pero los ché lograron que sus chicos transmitieran un mensaje confuso.

                          

El Valencia activó su plan con inteligencia en el primer tiempo pero careció de picardía e ideas en los últimos metros y eso confortó la mediocridad ofensiva del PSG. Los españoles recuperaban y se anticipaban a las jugadas pero por contra casi siempre cayeron en la precipitación a la hora de articular las acometidas, y las dos veces que esquivaron esos vicios en la primera mitad Soldado no acertó al apretar el gatillo de su fusil y a Jonas le sobraron ganas en un control con el pecho que le dejaba solo ante Sirigu. Albelda trazaba bien las pautas en la hoja de ruta que le daba su experiencia, a pesar de los borrones que arrojó la claridadel sentido del juego por el centro que no terminaron de alcanzar Tino Costa ni Parejo. No obstante, el mayor lastre para el Valencia fueron sus márgenes que jamás se enderezaron durante el choque. Barragán y Cissokho llegaron con la profundidad que se les pedía pero su falta de acierto en los centros mandaron al limbo cantidad de opciones de ataque para los españoles. Feghouli sencillamente no estuvo.


La radiografía de Valverde tras el primer tiempo determinó que había llegado la hora de guardar la batuta del gran capitán para sacar la varita mágica de Banega. El de Banega aportó luz a las ideas del Valencia con su clarividencia y empezó a mover al equipo como un acordeón. Fruto del dominio valencianista consagrado con la entrada de Éver, Jonas recogió un balón tras buena presión de los ché y sacudió al PSG el bofetón del miedo con un potente disparo ajustado al poste izquierdo. A pesar de todo, los de la capital del Turia no pudieron prolongar esa fase del terror que a la larga hubiera desmontado a la escuadra de Ancelotti por una mala entrega de Parejo a la salida del balón diez minutos después. La pifia del centrocampista tan sólo fue el origen de la cadena de infortunios que sufrió la zaga valencianista a la que se agarró Lavezzi para dar un soplo de alivio a su equipo.

                                

El Valencia trató de restarle importancia a un golpe que poco variaba la mitad del plan que quedaba por cumplir. Los hombres del Txingurri siguieron percutiendo sobre el área al son que tocaba Banega pero nunca se terminó a de afinar para asfixiar al PSG. El peligro por banda ni existió a pesar de la entrada de Piatti y faltó el oportunista remate final de Valdez, la voracidad de Soldado o el ‘tinazo’ de turno. Así fue como los de Valverde finalizaron su periplo por Europa el día en que murieron en las cercanías de una cima llamada remontada que a punto estuvieron de conquistar. Sin embargo, este 6 de marzo de 2013 será recordado como aquella vez que el Valencia hincó la rodilla de pie. El día en el que salió de París sobre la alfombra del honor y dejó el orgullo ché a la altura de la majestuosa Torre Eiffel.


PD: Dedicado a Alex, gran amigo valencianista de corazón

6 mar 2013

El Madrid se lo cree


Por el taconazo de Redondo, por el recital de Ronaldo y desde ayer Old Trafford también será recordado por la parroquia blanca por haber culminado una semana de ensueño en un escenario de tradición futbolística y de pseudónimo que ni pintado para la ocasión, el Teatro de los Sueños. Los blancos parecen haberse acogido al espíritu de la Octava para dilucidar con la ilusión de la Décima –y ahora también de la Copa- un horizonte que hace cosa de un mes vislumbraba un negro final de temporada oscurecido por el suplicio de la Liga. En este caso, los de Mourinho se encontraron con esa pequeña dosis de suerte necesaria para completar tan fantástica semana y la roja de Nani  que aún anda debatiéndose su calificativo -, justa, rigurosa, desmedida-, fue la rampa de lanzamiento para un equipo movido por impulsos y con poco fútbol frente al plantamiento propuesto por Ferguson. Lo cierto es que si, Sir Alex se hizo acreedor del pase a cuartos con su brillante estrategia, no así su United, que se aterró con la expulsión y no recuperó su identidad hasta el segundo del Madrid.

Sergio Ramos marca en propia puerta.Mourinho puso sin más dilación el once que apeó al Barça de la Copa del Rey ante la sorprendente alineación de su colega en el Manchester, sin Rooney y sin Kagawa, y con Nani y con el ayer milenario Giggs. Más allá de la propuesta anti contraataque pregonada por Ferguson, a la larga el escocés también inclinó hacia su favor el pulso táctico con el luso. Y hasta el más mínimo detalle. Los diablos rojos manifestaron desde los compases inicilaes un obsesivo clamor contra todo aquello que pudiera dar pie a un contragolpe blanco. Arriesgar en los balones dividios y tocarla en el centro del campo no estaba en la agenda de los ingleses que en cambio si tenían subrayado que había que salir rápido para desarticular un conjunto poco habituado a jugar contra su sombra. Así fue en un primer tiempo en el que Wellbeck se filtró por todos los caminos viables que llevaran a Diego López. En esas Sergio Ramos dio un paso más para quedar como un central legendario para la historia del Real Madrid y Varanne para consagrarse como futura pareja del sevillano –o de Pepe, quien sabe si este chaval no se gana dentro de poco un puesto fijo en el corazón de la zaga blanca. Y cuando no estuvieron ellos ya intervino el palo en un cabezazo de Vidic o apareció Diego López en en un preludio de su determinante exhibición final.



Instante de la expulsión de Nani, con Arbeola como testigo.
Y como no podía ser de otra manera en este tipo de choques, el sufrimiento del ‘Mou Team’ también se hizo notar en la imaginación ofensiva, obligatoria para resquebrajar la férrea defensa de los red devils. El Madrid volvió a mostrare ante Europa como un equipo vulgar y plano cuando el balón requiere más mimo y paciencia que en una contra. La ayer escuadra verde capitalizó sus ofensivas sobre el costado izquierdo, el supuesto agujero negro del Manchester, donde estaba Rafael y donde los discípulos de Ferguson fueron a convertir su debilidad en su punto fuerte, en parte gracias al inestimable trabajo de Giggs. Una antítesis que jamás comprendió el equipo español, empecinado en acumular jugadores, por un costado donde Cristiano fue víctima del minucioso estudio de sir Alex y ni un buen Coentrao podía progresar. No supo el Madrid explotar el flanco contrario, sin dueño claro y con un Arbeloa condicionado por las subidas de Nani. Tampoco Özil pudo sobresalir. El alemán trató de cubrir todo el frente pero fue en vano. Y Di María se rompió.
El segundo tiempo no pudo traer peores noticias para el Madrid. Varane y Ramos sucumbieron por primera vez ante las endiabladas acciones ofensivas del Manchester para recibir el primero. El gol tenía más valor emotivo que racional. Continuaban los pupilos de Mourinho necesitando un gol, aunque fuera para forzar la prórroga. Aún así, la situación era alarmante para los visitantes, más por las sensaciones que por las frías estadísticas, que seguían transmitiendo caridad en sus desorientadas transiciones ofensivas. Faltaba un suspiro para que el Real Madrid entrada en fase de ansiedad hasta que el más inesperado lance lo convirtiera en un trecho y pusiera en entredicho la encomiable seguridad del Manchester. Nani entró brusco a Arbeloa y el turco Çakir sacó roja. Un color de tarjeta que generará debates tan intensos como interminables. Para disputas hay gustos.
Fue entonces cuando un incomprensible sentimiento de pánico apagó el ardiente espíritu del infierno en el que convirtieron los red devils la defensa de su arco. Los ingleses trataron de hallar el refugio en la anárquica acumulación de hombres en su área y demostraron cómo una fatídica decisión puede derrumbar tu trabajo en cuestión de minutos. Mou acertó con su arriesgada de decisión de meter a Modric por el protagonista blanco de la jugada de la discordia, una vez que la amenaza de Nani había arreciado. El croata canalizó el permitido entusiasmo con que el Madrid se abalanzó sobre De Gea y con un zambombazo ajustado al palo derecho se reencontró consigo mismo de un solo chispazo de calidad. El Madrid aprovechó la crisis del United para saciar su apetito a cargo de Cristiano y desatar el delirio en los 3.000 aficionados blancos e imponer el silencio en Old Trafford.
El Manchester, acorralado por el resultado, se desmelenó y  afiló el cuchillo con la entrada de Rooney y Young y Valencia, con el que pasó a jugar con tres atrás. Con sus mejores armas, el conjunto inglés escopeteó a Diego López, que fue el chaleco antibalas que no pudo fabricar el Madrid con el balón. Los merengues habían aprobado raspado su primer cometido con el balón, el de meter goles, y suspendieron la otra asignatura, pues fueron incapaces los chicos de Mou de mantener la posesión para domar la fiera que en aquel momento el United llevaba dentro pero el sustituto temporal de Casillas hizo factible el desenlace más deseado de un epílogo del que dependía cerrar con final feliz esta trilogía semanal. 

3 mar 2013

El Madrid expone al Barça a la depresión


Decían las malas lenguas que este era el Clásico más insaboro en esta época de caviar futbolístico porque toda la salsa la había tenido la vuelta de la semifinal de Copa donde la exquisitez táctica del Real Madrid había puesto todo el picante. Mientras, los pronósticos se fundaban en la mirada blanca hacia la Champions para justificar una posible resurrección azulgrana. Sucedió lo que menos se contemplaba y lo que el Barcelona más podía temer. Los de Roura permitieron que regresara la melancolía en su juego para volver a mostrar el equipo irreconocible que cayó en Milan y fue apeado del torneo del K.O. Con una mala primera parte, un segundo tiempo que rozó el esperpento,  y un partido en el que cada momento se jugó según la voluntad del Madrid, el conjunto catalán se asoma al abismo de la más absoluta depresión.

Se dieron dos encuentros en un mismo partido, porque así lo quiso el Madrid. Los blancos se hallan en un momento de tal confianza que se sienten con la suficiente autoridad como para decidir cómo jugarle a este debilitado Barcelona aunque la proximidad del trascendental choque obligue a reservar las mejores galas y tirar de recambios. Mourinho dispuso un once con Modric, Essien, Morata, Callejón y el olvidado Benzema con la posición en el mediocentro de Pepe como principal reclamo, frente a un Barcelona que sacó todo cuanto tenía, con Thiago como sustituto de Xavi, y desperdició la conservadora postura del Real en el primer acto. El ‘Mou Team’ decidió darse un respiro con respecto a lo visto en el Camp Nou, y ofreció una versión alternativa a ese brillante trabajo defensivo que los blancos suelen exhibir ante los azulgrana. El aún campeón de Liga optó por el repliegue aunque manteniendo una disciplinada intensidad posicional. Un planteamiento tan igual de válido como permisivo para el fútbol total del Barça. No lo aprovecharon los culés, que eligieron la prudencia como argumento de oposición sin poder sacar todo el agua de lagunas en ese sistema defensivo blanco como el lado de Essien, el lugar del tapete más explotado por los de Roura en el primer tiempo y donde se producía novedad más allá del aburrido toque horizontal de los catalanes.

El Barcelona trató de recuperar parte de su esencia situando a Villa en el tridente de arriba, aunque escorado a la banda y, sobre todo, devolviendo a Iniesta a su posición natural. De poco sirvió. El manchego formó con Thiago, Messi y Busquets una sociedad dedicada a crear superioridad en el mediocampo con el único fin, o eso pareció, de asegurar la posesión del balón para resguardar al equipo de las contras del Madrid. Esa fue la tónica dominante de una primera parte de Clásico que invitaba a continuar la siesta en una hora propicia para ello más allá de los dos goles, marcados en un pequeño lapso de tiempo. En el único contragolpe merengue Benzema demostró que en el terreno de juego puede ser tan rápido como en la vía pública y le ganó la partida a Mascherano tras centro de Morata. Minutos después Alves conectó con Messi  y el argentino se deshizo de Ramos para batir a Diego López por su palo.

El Madrid aceleró el partido tras el descanso e hizo bailar al Barça al son que marcó propiciando quizás los peores cuarenta y cinco minutos que se le recuerdan a esta quinta de futbolistas. El Barcelona se desentendió del balón de tal manera que Iniesta fingió enemistarse con aquello que él mima como el que más, aunque la nueva actitud desenfrenada de los de Concha Espina abocó a ello. En los banquillos Mourinho le volvió a dar toda una lección a Roura, que sacó a Villa sin haberle hecho degustar su puesto natural y acordándose de Tello justo antes de dejarlo en el total olvido. El técnico de Setúbal apostó por Khedira y Cristiano Ronaldo. El alemán fue el pulmón que insufló el aire que necesitaba el organismo blanco para robarle al Barça el esférico, mientras que la entrada en escena del portugués confirió a su equipo la agresividad y verticalidad que había añorado en la primera parte. El hambre del luso no conoce límite y demostró que a él no le importa el contexto que rodee un encuentro de estas dimensiones.

El enésimo Clásico de esta temporada fue perdiendo en ritmo y ganando en intensidad ya que por momentos ambos equipos contribuyeron a multiplicar sus estadísticas en faltas, que tan bajas habían dejado la sosa primera parte. Era la oportunidad para abusar de los defectos del Barcelona a balón parado y tras varios intentos Sergio Ramos lo consiguió. Modric puso colofón a su buena actuación con un saque de esquina que el sevillano utilizó para darle otro golpe moral al eterno rival con un potente cabezazo. El ayer capitán del Real Madrid también sería protagonista de la jugada de la discordia, del lance en el que el Barça quería dar su última palabra para por lo menos ocultar con los números su paupérrimo encuentro, interponiéndose con su pierna en el imparable camino a portería que llevaba Adriano. 

La decisión de Pérez Lasa amordazó ese último suspiro azulgrana y fue el detonante que hizo estallar de indignación a los jugadores culés, que se abalanzaron a ladrar sobre el colegiado vasco. Uno de ellos fue Valdés, que pese a terminar contrato el año que viene, fue el puro reflejo con su reacción -tan comprensible como injustificada-, de la impotencia que siente el vestuario ante esta inédita situación. El Madrid ha absorbido de tal manera toda la moral que los de Jordi Roura tenían hasta hace ahora un mes que el fantasma de fin de ciclo empieza a planear sobre Can Barça. En la mano del carácter de este equipo está el seguir escribiendo la historia de este Barcelona en los periódicos o dejarla impresa en una lápida. 

28 feb 2013

Diego Costa lanza al Atlético


El Atlético acudía a la caldera de un ardiente Sánchez Pizjuán pese al diluvio que abrió el prólogo de este segundo capítulo de la semifinal. Pretendió el intenso Sevilla de Emery y su convencida hinchada convertir su templo en un despertador de hostilidades que atemorizara a los colchoneros en una clara llamada al mito del Pupas, al que los visitantes espantaron en el momento más complicado. A los hispalenses les salió rana esa puesta en escena ya que equipo y parroquia presenciaron el Atleti en estado puro, el que tiene el sello de Simeone. Pero un equipo rojiblanco respondón, reacción abanderada por un extraordinario Diego Costa. El punta brasileño devoró el hambre del Sevilla con el genio que lleva dentro y acabó engulliendo a los andaluces a nervios y a rojas con su arogante actitud.   

                             

Los de la riba del Manzanares sabían que no se podían acobardar ante el inicio infernal anunciado por el Sevilla y firmó un comienzo propio de esos equipos que no se acongojan en las grandes ocasiones y es por eso que se han ganado con total justicia el ser la rebuscada alternativa a Barcelona y Real Madrid. Como si de proyectar la personalidad del Cholo se tratara, el Atlético salió a fijar la presión bien arriba renunciando a cualquier amago de conceder terreno a las fieras sevillistas.  Antes bien alguien tenía que sacar valentía para luego acomodarse en la precaución. Lo hizo Diego Costa en un acto más bien de rebeldía. No le importó recibir ante la vigilancia de tres jugadores del Sevilla y sorprendió con un disparo raso inalcanzable para Beto. Sangre fría la del carioca.

El tanto aportó tranquilidad el choque, que se empezó a encauzar como se preveía. El Atlético inició su trabajo defensivo ante un Sevilla que, fracasado el intento de rebentar el partido en el inicio, se abalanzó sobre la portería de Courtois con un empuje que aculaba al campeón de la Europa League a pasos agigantados y con un gol podía encontrar una segunda oportunidad de que se diera el partido movido que los hispalenses ansiaban al comienzo. No obstante, surgió de nuevo Diego Costa e irrumpió Falcao para que el Atleti asestara una puñalada casi definitiva a la parroquia sevillista. Entregó el colombiano para el brasileño, que galopó hasta servir un balón que el Tigre cazó para dar otro zarpazo a la eliminatoria.

Silenciado el Pizjuán y calmados los aires revolucionarios del Sevilla, los chavales de la casa tomaron la responsabilidad de reactivarlo todo y recuperar la moral que en aquellos instantes tan delicados se presumía como el cimiento para levantar la semifinal. El imberbe Alberto recordó con su desparpajo por la banda al Navas de los inicios e hizo jugar a su equipo desde el costado. El Navas del presente culminó una preciosa combinación entre el joven lateral y Reyes con un golazo. Era tan sólo el avance de con quien tendrían que lidiar los colchoneros tras el paso por vestuarios.

                          

El de Los Palacios lideró con sus constantes e imparables internadas al mejor Sevilla, que rememoró por momentos aquel equipo que no tantos años atrás estrangulaba a sus enemigos desde los flancos aunque sólo fuera el de Jesús el epicentro de todas las operaciones ofensivas del conjunto andaluz. Pese a todo, Negredo traicionó los principios de todo delantero centro y en ninguna de las ocasiones pudo añadirle al partido el picante que necesitaba para aterrorizar al Atlético. La tormenta empezó a cesar para los rojiblancos pero quedando aún para el silbido final, un tanto podía dilucidar un rayo de esperanza para el Sevilla.

Fue entonces cuando Simeone su impuso a Emery en el duelo en los banquillos. El argentino fue más rápido que su homólogo en remediar el rumbo que estaba tomando el choque que este en mantener viva la chispa que pudiera incendiar el encuentro. Sabía el Cholo que esa banda derecha era la llave que podía abrir las puertas hacia la final a los hispalenses y pegarle un portazo a su equipo, y sacó al Cebolla y a Koke para aportar frescura en las ayudas al extremo andaluz. Unai Emery quiso hallar en Cicinho el socio que solicitaba el internacional español en su transitada banda -hubo lances en los que se vio rodeado de hasta cuatro camisetas atléticas-, pero el efecto Navas ya estaba para diluirse. El vasco ya había errado antes con la introducción al campo de Manu del Moral por Reyes, con la que dejó huérfano el lado izquierdo.  

El Atlético se dedicó a adormecer el partido y asistir al suicidio del Sevilla, protagonizado por la expulsión de Medel que reflejó la impotencia con la que castiga a sus rivales un Diego Costa que, sin querer o no, reivindicó en la recta final su transcendental papel en estos dos partidos. Kondogbia fue otro de esos afectados en una acción absurda poco después de que Rakitic interviniera para imponer la justicia en el marcador que reclamaba un choque de lo más parejo, la misma con la que el Atleti se ha ganado el derecho de saldar cuentas pendientes con el Real Madrid en la finalísima. El carácter que ha imprimido el Cholo a sus pupilos ha hecho por fin una escuadra ganadora que ha borrado todos los prejuicios que encadenaban al Atlético del pasado. ¿Podrán los del Manzanares restituir los daños causados a su afición tras tantos años sin tumbar a su eterno rival? Lo sabremos el próximo 18 de mayo.  


                          

27 feb 2013

El Madrid hace una caricatura al Barça



Más allá de los títulos ganados hasta ahora y las ansias por conquistar otros, del botín que ambos equipos acaben sumando a final de temporada con esos trofeos, a este Real Madrid de José Mourinho le quedaba aún ganar de modo triunfal un Clásico de esos que queda marcado a fuego en la historia y recuerdan delicias en la retina de los aficionados. Lo lograron ayer los blancos con un partido memorable que rayó la más absoluta perfección de las pretensiones con las que llegaban al reino azulgrana y superando a uno a uno a los jugadores del Barça en los duelos individuales. La noticia es que, tras algo más de dos años del inicio de esa incesante lucha por la hegemonía decidida por el destino y librada por los dos mejores del mundo, el Madrid por fin ha cobrado ventaja y se encuentra en condiciones de mirar de frente a los azulgrana y entregarles ese sambenito de víctima que le colgaron a los de Chamartín desde que su eterno rival empezara a inventar el mejor Barcelona de todos los tiempos con la llegada de Pep Guardiola.

                             

Fue el encuentro que todos esperaban, el que técnicos y jugadores tenían en mente, el que hasta el más reacio a seguir el fútbol podía imaginar. El desarrollo fue el previsible, no así la resolución, que cuanto menos, fue contundente. Chocaron una vez más dos estilos tan distintos como respetables, pero esta vez el demoledor contragolpe madridista devoró el toque preciosista de los culés. Hace tiempo que los merengues vienen ahogando la fantasía azulgrana, cuyos valedores se ven obligados a afinar más el sacapuntas en busca de respuestas disuasorias que quebranten la férrea disciplina de los chicos de Mou. Unos pupilos del portugués que han asimilado los conceptos de cómo lastimar al Barça de tal manera que ya los aplican de memoria. Por contra, se empieza a abrir un debate sobre el juego de los catalanes. Unos dirán que parece un modelo agotado por el tiempo y otros lo atribuyen a un mal momento puntual por las dudas que han traído al banquillo la marcha momentánea de Tito Vilanova. Lo cierto es que esta crisis, pasajera o no, ya se ha cobrado un título y medio. 

Y todo a pesar del aceptable comienzo culé. Los de Jordi Roura no desoyeron las voces que acusaron al equipo de juego lento e ineficaz ante Milan y Sevilla y los primeros minutos se desenvolvieron en ataque con rápidas transiciones que a largo plazo podían hacerle replantearle al Real Madrid lo de disponer una zaga tan adelantada. Sin embargo, Messi tiró por la borda la oportunidad de asestarle el primer golpe psicológico a la voluntad de unos blancos que sí fueron certeros en la primera ocasión para apuñalar el ánimo blaugrana y de un respetable que confiaba ciegamente en su equipo. Los de Mou lanzaron la contra sin apenas oposición y metieron a Piqué en la boca del lobo, solo y privado de ayudas ante la velocidad del portugués. El central cometió un penalti tan espontáneo como inncecesario y Ronaldo no perdonó. 

Regresaban urgencias recientes para el Barcelona, de nuevo forzado a traspasar un muro que no derribó ante el Milan, con la pequeña gran diferencia de que si osaba saltarlo por la vía rápida podía suicidarse ante la electricidad madridista a la contra. Así, se volvió a ver un Barça monótono e improductivo, con un Iniesta solo, un Xavi sin socios y un Messi aislado en la mar de jugadores blancos. Apenas un tiro de falta del astro argentino y un penalti a Pedro que Undiano Mallenco obvió, conformaron el pobre balance ofensivo de los todavía vigentes campeones de Copa.

                             

Se vio un Barça en la segunda mitad que quería igualar la eliminatoria a pesar de transmitir de inicio síntomas de ansiedad, lejos de echar una mirada al banquillo y ver que la solución se encontraba en la persona de un tal David Villa. No obstante, los azulgrana contaron con un disparo lejano a cargo de Xavi desbaratado por un Diego López que no pudo imitar mejor a su homólogo titular en lo poco que se le exigió, y cuyo rechace fue cazado con más rapidez por Arbeloa antes de que fuera a por él un jugador del Barça. Una de esas jugadas en las que se echa en falta un delantero centro.

El que no lo extrañó fue el Madrid en la jugada que desencadenaría el drama. Fruto de la casualidad o no, un balón largo con apariencia de despeje se fue envenenando hasta transformarse en un pase en profundidad que volvió a superar la invisible defensa azulgrana. Di María bailó a Puyol y Pinto repelió su chute con el sabido desenlace con Cristiano como protagonista final. El ‘Fideo’ elevó a sobresaliente su notable actuación hasta entonces, ya que mucho tuvo que ver con que la solidez defensiva de los blancos abarcara también los flancos. Sus constantes ayudas por banda amargaron a Jordi Alba.

Aún quiso el Madrid ahondar más en la herida de un Barcelona que fue lento de reacción al sacar a Villa cuando la eliminatoria reclamaba un milagro. Varane se elevó por encima de una pasiva zaga culé y puso la rúbrica con un toque de juventud. Sin palabras lo que ha hecho el francés en estos dos choques. Abrió la veda del camino triunfal que tenía que seguir el Madrid, para acabar recordando que él marcó el punto de inflexión con el que los merengues empezaron a creer. La afición culé empezó a desfilar y se perdió el testimonial gol de Jordi Alba, que puso algo de decoro a un marcador que hablaba por sí solo. 

Volvió el Barça sin más argumentos frente a las adversidades que la desesperación y sin más respuesta ante las defensas pobladas que la irracional acumulación de hombres en ataque sin mirar por su portería. Pero sin duda este equipo insistirá a proclamar su fútbol cuando en unos días el Milan visite su fortaleza, que ha dejado de ser inexpugnable. Tendrá el Barça que tomar una portería rival que volverá a ser fuertemente custodiada, esta vez por el ejército de Allegri. Toca rearmarse de moral y paciencia.

                           

26 nov 2012

INIESTA CONQUISTA EL CIUTAT DE VALÈNCIA


En otros tiempos, cuando Frank Rijkaard volvía a aplicar los principios de Johan Cruyff en el Barcelona, Andrés Iniesta salía en la segunda mitad , especialmente para desempeñar ese papel de desatascador que tan bien sabe interpretar el manchego. Hoy ha llevado esa función a su máximo esplendor y es uno de los pocos que ostenta el privilegio de despejar el camino hacia la portería con un simple impulso de fantasía cuando un equipo tan férreo e insistente como el Levante lo obstruye. La lógica llamaría a nuestra puerta y nos diría que Messi es otro, cierto, pero el bueno de Andrés osó eclipsar la gran actuación del astro argentino con tres asistencias y un tanto y bien se puede decir que fue él quien engrandeció a la ‘Pulga’, que hasta el momento se había quedado diminuta ante el acoso del otro conjunto azulgrana. Como sea, una sociedad que hace que el Barça gestione ya una renta de 11 puntos sobre el eterno rival.
 
 
 
 
Pero, diga lo que diga el luminoso, los de JIM querían lograr la enésima machada y así lo proclamaron, aunque sólo fuera hasta que Iniesta diera rienda suelta a su imaginación. El Levante sabía que no debía variar en ningún punto su plan paciente y disciplinado y que sólo valía llevarlo a la perfección para bloquear a los de Tito Vilanova para silenciar a los detractores que pretendían desprestigiar un equipo ejemplar en todo. Se quedó a medio camino, aunque la mitad de ese recorrido hasta que Andrés abrió ese sendero al que al Barcelona tenía que desviarse para alejar al Real Madrid, fue bastante aceptable, e incluso se vio al subcampeón algo condicionado por la filosofía de su oponente.

A los catalanes les costó hilvanar jugadas que hiciera aguas en el entramado de Juan Ignacio Martínez. Alertados por el temible contragolpe del Levante que está empezando a dar que hablar en Europa, optaron por la prudencia y por un juego de toque precavido ante el acecho de Martins y sus esprints, más propios del mejor velocista que de un futbolista. El conjunto granota no se descompuso en ningún momento, extremaba la vigilancia sobre los Messi y cía cada vez que el Barça pisaba el área y en último término aparecía un atento y seguro Munúa. Desplegó sus contras con la rapidez habitual pero rara vez puso en aprietos a Valdés, que tan sólo tuvo que responder ante un trallazo de Barkero con una palomida ficticia, ya que los de Tito nunca defendieron con inferioridad numérica y controlaron los latigazos granotas. Contener esos contraataques mortales fue el gran mérito de un Barcelona al que le faltó mayor continuidad en sus arreones para comer terreno al Levante y encerrarle, pasos necesarios para amenazar a Munúa.
 
No hizo falta andar tanto. Iniesta lo quería finiquitar pronto y ahorró gran parte de ese proceso. Cogió el disfraz de mago y con un inverosímil pase habilitó a Messi, que reanudaba su carrera hacia el récord de Muller. Con los granotas enjaulados, Andrés dio la vuelta a la llave y pudo entrar por el costado de Lell, para servirle otro gol al heredero de Maradona. Sin embargo, el héroe del Mundial quiso personalizar más el sello que dejó anoche en el Ciutat de València y anotó un tanto ‘made in Iniesta’. Cesc Fàbregas culminó otra jugada del de Fuentealbilla para estar presente en su recital.

El Levante no olvidó el carácter que le ha llevado a vivir este glorioso momento y tiró de orgullo. Martins y luego Barkero pudieron perforar la meta de Valdés, brillante en el disparo del nigeriano, y colosal desbaratando el lanzamiento de penalti del vasco y emulando a Casillas en un chute a bocajarro.

A pesar de la luz que se desprende de Iniesta y Messi, todos son partícipes de este insuperable Barcelona. Dicen que las matemáticas son una ciencia exacta y a ellas apelamos para justificar que nos encontramos ante el mejor Barça. Los hay que quieren poner fecha de caducidad a un equipo que no quiere vivir de su glorioso pasado con Pep Guardiola. Mientras, el Real Madrid empieza a otear el horizonte para seguir el rastro azulgrana y el Atlético toma la alternativa.